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¿Las guerras no se ganan necesariamente con armas?

¿Las guerras no se ganan necesariamente con armas?
En un eventual conflicto, espero ver en la primera línea de defensa a esos funcionarios luchando “más que con armas, usando sus propios brazos si es necesario”.

Iván Izquierdo Elliot
Editor General PRO-INTELLECTUM

Fuente: La Razón

El diario Perú 21 del jueves 21 de enero de 2008 reproduce la entrevista que le hicieran a la viceministra de Defensa, Nuria Sparch, en la que hace una preocupante afirmación: “las guerras no se ganan necesariamente con armas. Tenemos un importante recurso humano que, ante la eventualidad de que se dé un conflicto, más que armas, usarán sus propios brazos si es necesario” Resulta doblemente preocupante ya que se trata de una funcionaria cuya responsabilidad es la de asegurar la defensa de la nación y de sus intereses. La afirmación parece responder a un malentendido concepto de guerra asimétrica o similar. No se puede pretender enviar a la guerra a jóvenes desprovistos de los elementos necesarios para la defensa. Hacer lo contrario se denominaría “carnicería”. Una idea similar fue expresada por el actual comandante general del ejército, Edwin Donayre a mediados de enero al afirmar que “al poder económico lo vence el poder de las armas y a este último lo vence la mente de los pueblos”.
Las teorías de ambos funcionarios públicos suenan atractivas, ¿pero en qué tesis se sustentan? La hipótesis que se desprende de ellas es que las guerras no se ganan necesariamente con las armas. ¿Es esto cierto o posible?

En PRO-INTELLECTUM publicamos una serie de artículos relacionados con el tema de defensa y las características de los conflictos en el mundo actual. Conceptos como guerra asimétrica, defensa cooperativa y el más novedoso: guerra irrestricta, que explora las dinámicas de los conflictos que generan las relaciones geopolíticas globales. La característica más resaltante de los conflictos de la actualidad es que escapan al ámbito netamente militar. Pero no debe entenderse como la total inexistencia del conflicto militar típico. Basta revisar las noticias internacionales para confirmar esto. La guerra típica es el último recurso que un Estado, medianamente conformado, emplearía para la resolución de un conflicto, pero eso no excluye totalmente la ocurrencia del mismo. Por otro lado, la fuerza armada nacional es un medio para el logro de los objetivos y esta afirmación no es nueva. A lo largo de la historia, la fuerza de las armas ha sido empleada como detente o fuerza de disuasión ante las amenazas, que son los objetivos de naciones o fuerzas externas, contradictorias al Estado que se defiende.

En el caso de un conflicto que se empieza a gestar, la teoría moderna de la guerra reconoce la posibilidad de empleo de métodos militares (convencionales) y métodos no militares como la guerra psicológica (el más conocido), la guerra política, económica, cultural, de la ayuda económica, drogas ilegales, métodos terroristas, cibernética, etc. Por solo citar algunos de los casi infinitos medios y combinaciones utilizables para lograr el objetivo de toda guerra: doblegar al adversario para que acepte nuestra voluntad. Este tipo de combinaciones “enmascara” el conflicto en proceso hasta la claudicación de una de las partes o se rompan fuegos.

El empleo de este tipo de armas, que empezamos a denominar “intangibles”, formaría parte de una estrategia de defensa, pero solo en el caso de que exista una clara intención de lograr objetivos o neutralizar una amenaza. Un ejemplo de esto es la reclamación ante la Corte de La Haya, mediante el empleo de un mecanismo internacional, el Perú busca una solución al diferendo marítimo sin hacer uso de las armas. Las inversiones chilenas en el Perú han generado una relación comercial asimétrica que no nos beneficia del todo, y sobre todo, en una relación que exacerba el nacionalismo chileno que impide el libre ingreso de capitales peruanos como exigen las reglas del mercado internacional. Ese es un objetivo chileno.

Por otro lado, las armas “tangibles” (aviones, buques, cañones, etc.) no pasarían a un segundo orden de importancia. Simplemente son otros medios para lograr esos mismos objetivos. La diferencia fundamental está en el costo. En toda guerra la economía de medios es fundamental. Las armas “intangibles” pueden producir un efecto devastador sobre la economía y sociedad del adversario a un costo relativamente bajo, pero en caso de fallar éstas, el conflicto pasará al empleo de las armas “tangibles”, es decir a los medios militares típicos, aumentando el costo del conflicto. Eso no justifica el total desarme militar de una nación. Por el contrario, implica la formación de una fuerza armada eficiente y dotada de la tecnología que inevitablemente acompaña el desarrollo de las armas, y en directa relación a la amenaza militar del adversario.

La conformación de ese ejército necesita, no de la “mente de los pueblos”, sino de la brillante mente de los estrategas nacionales en el diseño de la fuerza necesaria para la defensa de la nación. En el caso específico de la comparación de poder del Perú con Chile, la asimetría de fuerzas nos ha llevado a una situación de relativa vulnerabilidad. Lo importante es que la situación debe ser solo temporal. Las políticas de desarme unilateral promovidas por el gobierno del ex presidente Toledo y la demora en el cumplimiento de planes del actual gobierno están consumiendo un tiempo valioso para la corrección de las asimetrías, que con justificada razón la opinión pública critica.

Por otro lado, las históricas alianzas del Perú en el hemisferio han sido descuidadas. El Perú nunca ha sido un país agresor, sin embargo, se ha perdido la confianza en Argentina debido al envío de armas a Ecuador en pleno conflicto. Nos hemos alejado de Bolivia y Venezuela por razones ideológicas. Con Brasil intentamos afianzar alianzas, pero no hemos sido capaces de terminar una carretera interoceánica de enorme implicancia económica y política. Se coquetean alianzas con una Colombia más preocupada en no quebrarse en dos estados y con los Estados Unidos, cuya imagen internacional se ha devaluado ante un mundo que desconfía de los verdaderos intereses de la superpotencia. El Perú se encuentra prácticamente solo, sin alianzas tangibles. Ante este extraño ostracismo defensivo, los funcionarios del gobierno deberían actuar con mayor celeridad.

Entonces ¿es cierto que la guerra no se gana necesariamente con las armas y que la mente de los pueblos vence a éstas? Sin un sustento racional, las declaraciones de los funcionarios son simple retórica, frases vacías que entran en contradicción con el deber que deben cumplir como miembros de la defensa de la nación. Es el peligro de ser arrastrados a la inacción por bases ideológicas alejadas de la realidad, que pretenden buscar la paz regional mediante el desarme unilateral y la transparencia mal concebida y aplicada.

En un eventual conflicto, espero ver en la primera línea de defensa a esos funcionarios luchando “más que con armas, usando sus propios brazos si es necesario”.

Por si queda alguna duda, yo… prefiero un misil.

El Buque construido para combatir al Huascar y la Unión

El Buque construido para combatir al Huascar y la Unión

Por: Capitan de Fragata John Rodriguez Asti

Fuente: Revista de marina - Marina de Guerra del Perú

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La denominada “Campaña Naval” desarrollada a inicios de la Guerra del Pacífico, fue un episodio que ha quedado registrado en la historia naval, porque prácticamente un solo buque, el blindado peruano Huáscar, enfrentó exitosamente a una Escuadra superior en lo que a medios materiales se refiere. El accionar de Grau, sus hombres y su nave, no sólo paralizó el esfuerzo del entonces enemigo en el mar, sino que impidió pudiese proyectar sus fuerzas sobre territorio peruano.

Durante el periodo comprendido entre los meses de mayo y setiembre de 1879, la Escuadra chilena, bajo un concepto estratégico ofensivo, falló en obtener el control del mar, frente a una Escuadra peruana disminuida aún más luego del desastre en Punta Gruesa, pese a contar con los elementos navales necesarios para hacerlo.

El infructuoso bloqueo en Iquique, la pérdida de la Esmeralda en dicho puerto, la fracasada expedición al Callao para destruir a las naves peruanas y las incursiones sobre costas chilenas, hechos a los que se sumó la captura del transporte Rímac en julio de 1879, demostraron serios errores de apreciación hacia sus oponentes, por parte de los mandos navales chilenos.

A través del tiempo, la versión que ha trascendido sobre lo ocurrido en aquel conflicto no ha mostrado necesariamente la manera de cómo en Chile, sus autoridades políticas y más aún sus mandos navales, tuvieron que afrontar durante casi seis meses, el hecho que un solo buque, inferior en poderío a sus blindados, lograse burlar todos sus planes y esfuerzos por lograr el control del mar.

Al respecto, existe un episodio que ha pasado casi inadvertido, que puede demostrar el gran temor que despertó el Huáscar y su exitosa campaña en el país sureño, el mismo que será materia del presente artículo.

A principios de 1879, el Gobierno de Chile envió a Europa una comisión naval conformada por el capitán de navío Luis Alfredo Lynch1 y su hermano, el teniente 1° Luis Ángel Lynch, la misma que fue puesta a órdenes de la legación chilena en París, por ese entonces a cargo del diplomático Alberto Blest Gana[2].

1 Lynch Zaldivar, Luis Alfredo (Santiago, 1834-Paris, 1883). Nacido en Santiago, ingresó a la Armada en 1848, y era hermano de Patricio y de Julio, ambos marinos. Siendo capitán de navío, Luis Alfredo Lynch fue enviado a Europa y se hallaba en París como jefe de la Comisión naval chilena, cuando se produjo la Guerra del Pacífico. Durante el conflicto se encargó en coordinación con el Ministro de Chile en París y Londres, Alberto Blest Gana, de supervisar la construcción del crucero Arturo Prat, la compra de pertrechos navales, así como de intentar desbaratar los esfuerzos peruanos en la adquisición de buques y material bélico. Por sus servicios en Europa, fue ascendido a contralmirante, grado con el cual falleció en París, el 3 de diciembre de 1883.

2 Alberto Blest Gana (Santiago, 1830-Paris, 1920). Novelista y diplomático chileno, considerado el padre de la novela chilena. Fue hijo del irlandés William Blest y de la chilena María de la Luz Gana López. Realizó sus estudios en la Academia Militar y los perfeccionó en Francia. De tendencia liberal, fue nombrado intendente de la provincia de Colchagua y a partir de 1866 fue representante diplomático de Chile en Washington, Londres y París. Entre los logros más exitosos para su país destacan la compra de buques y armamento en Inglaterra, Francia y Alemania durante la Guerra del Pacífico. También participó en la negociación limítrofe con Argentina, pero con menor suerte que en sus actividades anteriores.

Las instrucciones impartidas a ambos oficiales,consistían en contratar la construcción de nuevos buques de guerra para su armada específicamente dos buques del tipo cañonera, similares a las construidas para el Gobierno argentino el año anterior. Las naves argentinas pertenecían a un tipo de cañonera diseñada por el arquitecto naval británico George W. Rendel [3], cuya construcción se hizo muy popular en aquellos tiempos en algunas de las armadas más importantes de la época, y que han pasado a la historia bajo el nombre de “Cañoneras Rendel” o “Flat iron gunboats”, denominación dada por la forma de sus cascos, que hacían recordar a las planchas de ropa a vapor de la época.

En la segunda mitad del siglo XIX, la Real Armada británica construyó una cantidad considerable de naves clasificadas como “cañoneras”. El origen de este tipo de nave, se remonta a la Guerra de Crimea (1854-55). Inicialmente, se trataba de bu-

3 George Rendel (Londres, 1833 - Nápoles,1902). Ingeniero naval británico que alcanzó renombre por sus diseños de buques de guerra innovadores. En 1859, por invitación del industrial William Armstrong, ingresó a trabajar en su empresa ubicada en Elswick-on-Tyne, Newcastle. Posteriormente, fue hecho socio de la Elswick Ordnance Company, empresa dedicada a la fabricación de artillería que también pertenecía a William Armstrong. En dicha empresa, conjuntamente con el capitán de artillería Andrew Noble, se dedicaría al diseño y desarrollo de artillería pesada. En la década de 1860, Armstrong incursionó en la construcción
naval, y luego de asociarse en 1862 con Charles Mitchell, propietario del astillero Low Walker,
fundaron la compañía Armstrong, Mitchell & Company. Sería en dicho astillero en el que George Rendel, como ingeniero y diseñador, se encargaría de la mayor parte de los proyectos de construcción, habiendo sido el creador de nuevos tipos de buques, tales como las cañoneras y los cruceros protegidos. El éxito de sus diseños se tradujo en una gran demanda para el astillero Armstrong, el cual, en 1896, tenía en gradas 20 buques en construcción. Entre 1882 y 1885 Rendel fue designado como asesor civil profesional del Almirantazgo, y luego de haber cesado en el cargo, viajó a Italia en donde radicó definitivamente, laborando por unos años en una empresa subsidiaria de Armstrong en Pozzuoli. (Walker, Fred M. “Pioneers of Ship Design and Construction. George Wightwick Rendel”, en Rina Affairs. The Newsletter of the Royal
Institution of Naval Architects, abril 2003, p.6.)
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ques con casco de madera de poca eslora y desplazamiento (de 300 a 500 toneladas), que portaban dos piezas de 60 libras y propulsados por una pequeña planta a vapor dotada de una hélice, cuya función era la de servir de pequeñas baterías flotantes para el bombardeo de posiciones fortificadas en tierra. En los 40 años que siguieron a este conflicto, el diseño de este tipo de nave evolucionaría, siendo construidas de hierro y luego de acero, llegando las de mayor tamaño a desplazar hasta 1.280 toneladas, y dotándoseles de aparejo para travesías prolongadas. Sin embargo, lo que no cambiaría sería el concepto de emplearlas
como baterías flotantes en acciones costeras, y a lo largo de su existencia, en especial en la Real Armada, fueron destinadas a misiones en ultramar, en expediciones punitivas y en conflictos menores.

En adición a las cañoneras de diseño tradicional, hacia mediados de la década de 1860, el arquitecto naval inglés George Rendel quien laboraba en el astillero británico Armstrong, diseñó un nuevo tipo de cañonera, que como ya se mencionó, tuvo gran acogida, por lo que se construyeron en número considerable para varias armadas hasta fines de la década de 1870.

Dentro de las armadas que encargaron su construcción, estuvieron la Real Armada británica, las colonias australianas, Argentina, China, Dinamarca, Holanda, Noruega, Rusia y Suecia.

Las cañoneras Rendel se caracterizaban por su tamaño pequeño, una reducida relación eslora/manga, poco calado, una planta propulsora a vapor que accionaba dos hélices para una mayor maniobrabilidad, así como por llevar a bordo, como arma principal, un cañón de avancarga de grueso calibre, montado sobre una cureña fija con un sistema hidráulico para colocarlo en posición de carga.

Este tipo de cañoneras había sido concebida por Rendel para emplearse como defensa de puerto y capacidad oceánica limitada

[4]. Su diseño satisfacía uno de los requerimientos del Gobierno británico, que se hallaba empeñado en el desarrollo de una política de defensa territorial, que contemplaba la protección de sus costas en caso de un intento de invasión,
así como la protección de sus principales puertos ubicados en la costa Este, ante la posibilidad de ser bombardeados por buques blindados. Esta solución era considerada menos costosa que la fortificación de sus puertos.

Cabe mencionar que la característica más resaltante de las cañoneras diseñadas por Rendel, consistente en montar un cañón de grueso calibre en un buque pequeño y emplearlo como una “cureña flotante”, surgió coincidiendo con una necesidad de la fábrica Armstrong, ante la imposibilidad temporal de efectuar las pruebas de sus cañones en tierra en el área cercana a sus instalaciones, debido a las permanentes quejas de las poblaciones aledañas [5].

Esta alternativa fue puesta en práctica el 21 de octubre de 1865, y luego de efectuar varias pruebas, George Rendel tuvo la idea de construir un buque pequeño con la estabilidad necesaria para dotarlo de una pieza artillera de gran calibre y que pu-

[4] La idea de Rendel consistía en emplear varias naves de este tipo dotadas de artillería de gran calibre, atacando simultáneamente a las naves incursoras desde diferentes direcciones y a corta distancia, maniobrando rápidamente gracias a contar con dos hélices. Se consideraba que por su movilidad estas pequeñas, pero poderosas naves, pondrían en aprietos a cualquier escuadra enemiga que intentase atacar un puerto. A pesar de contar con artillería poderosa, no contaban con blindaje y su protección contra la artillería enemiga la confiaban a su pequeño tamaño y poco francobordo.

El sistema de maniobra del cañón a bordo de estas cañoneras era enteramente hidráulico y la dotación de artilleros, comúnmente conformada por 16 hombres, a bordo era de sólo 9. Para facilitar la maniobra de recarga, Rendel diseñó un sistema que permitía retraer el cañón completamente hacia abajo. Para apuntar con una mayor precisión, las cañoneras Rendel se hallaban preparadas para cambiar su rumbo rápidamente gracias a sus dos hélices. Una de las cañoneras británicas de este tipo, la HMS Staunch, por ejemplo, podía virar en redondo en 2 minutos y 45 segundos.
5 Brook, Peter, Warships for Export. Londres, World Ship Society, 1999, p.45
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diera ser empleado como batería flotante móvil. La idea pronto fue hecha realidad en el astillero Armstrong en Tyne, con la construcción de la cañonera HMS Staunch. Esta nave entró en servicio en diciembre de 1867, y fue la primera de siete naves
de su tipo construidas posteriormente para la Real Armada británica.

La construcción de un buque para dar caza al Huáscar y a la Unión
Pese al interés inicial por construir dos cañoneras similares a las argentinas, dicho plan fue dejado de lado por las propias autoridades navales chilenas, no mucho después de iniciada la guerra contra el Perú, y esto se debió principalmente por el
eficaz accionar de los buques peruanos en interrumpir las líneas de comunicaciones y el hostigamiento contra el litoral norte
de Chile durante los primeros meses de la contienda. Esta fue la razón principal que hizo plantear la necesidad de buscar buques superiores en andar y artillería y, en consecuencia, de distinto diseño a las cañoneras Rendel originalmente requeridas.

La imposibilidad de los mandos navales chilenos de lograr la captura de los buques peruanos Huáscar y Unión, que demostraron ser presa difícil para los muy superiores blindados chilenos, fue un factor no previsto en su estrategia de guerra contra el Perú. La explicación de este cambio de idea se puede hallar en una carta que años más tarde, dirigiera el propio Blest Gana al Ministro de Relaciones Exteriores en Santiago, parte de cuyo contenido es el que se transcribe a continuación:

…Declarada la guerra entre Chile y el Perú en Abril del mismo año e iniciadas las correrías de los buques peruanos Huáscar y Unión a lo largo del litoral de Chile, se vio que no se necesitaban ese número de cañoneras de poco andar y pocas condiciones marineras, condenadas a permanecer adheridas a las costas y en mares bajos, sino buques rápidos, capaces de hacerse a la mar, conduciendo con velocidad inusitada una artillería poderosa ante la cual, desaparecerían como nula la resistencia de las corazas de los buques enemigos. Era además necesario asegurar la pronta conclusión y entrega de la nave o naves que se ordenasen, y un costo aproximativo módico, puesto que el país necesitaba de todos sus recursos para hacer la guerra.

La Corbeta peruana Unión, luego de la pérdida de la fragata blindada Independencia, al igual que el Huáscar, se convirtió en uno de los objetivos de la Escuadra chilena.

Estas ideas precedieron a la construcción del tipo original del “Arturo Prat”, crucero capaz de alcanzar una velocidad de 16 millas por hora, llevando dos cañones de 24 toneladas de doble cámara, de fuerza para reforzar en cualesquiera circunstancias y fácilmente los blindajes del enemigo, y susceptibles de ser servidas por medio de maquinaria hidráulica con expedición inusitada.
Todo esto se consiguió en un espacio relativamente corto y con un gasto de solo £ 80,750, precio de construcción según
contrato. Ese buque que correspondía perfectamente a las necesidades del momento, consultaba solo un propósito en que la
legación y la comisión naval se hallaban de acuerdo, con mayor mérito, sin duda, de parte de esta última, presto que sus
miembros estaban naturalmente llamados a prestar sus servicios militares a bordo de dicha nave.

El plan del buque consultaba únicamente los medios de ofender eficazmente y fuera de su extraordinaria velocidad que le permitiría mantener las distancias de su elección, para nada tomaba en cuenta la comodidad y la seguridad de los que debían batir a su bordo. Era en fin, un buque destinado a castigar i poner punto [final] inmediatamente a las correrías del “Huáscar” y la “Unión”, sin reparar en los sacrificios personales a que nuestros marinos quedarían sujetos, y el proyectarlo así era responder a la vez a los deseos manifestados por el Supremo Gobierno y a la aspiración general inequívocamente manifestada por la nación entera [6].

La construcción del Arturo Prat, buque concebido, como se ha visto, para dar caza principalmente al blindado peruano Huáscar, es un episodio que ha pasado casi desapercibido por los estudiosos de aquel conflicto, y son escasos los autores que lo han tratado, pero la información por ellos consignada, confirma el verdadero propósito de su construcción [7].

[6] Archivo Histórico Nacional de Chile (ANC). Serie Ministerio de Relaciones Exteriores. Inventario de la Legación de Chile
en Francia y Gran Bretaña (1819-1907), 2º serie. Oficios de la Legación de Chile en Francia. V. 411.Doc. Nº 64.

[7] Al respecto, en años recientes el tema ha sido tratado de manera muy breve por dos autores chilenos. El primero de ellos ha sido Rodrigo Fuenzalida Bade, quien en el tomo 2º de su obra La Armada de Chile desde la Alborada al Sesquicentenario, menciona que: “La acción exitosa del monitor peruano contra nuestras líneas de comunicaciones marítimas… hizo surgir en Chile, la idea de contar, cuanto antes, con una nave de acero de alta velocidad”. El segundo autor ha sido el capitán de navío Fernando Thauby García, quien en un artículo sobre la Guerra Ruso-Japonesa, publicado en la Revista de Marina de Chile en 1990, menciona que “en 1879, y como reacción a la exitosa campaña del Huáscar, contra nuestras líneas de comunicaciones marítimas, apoyándole en su mayor velocidad, se había mandado a construir en Gran Bretaña un crucero de 1.350 toneladas y 16,5 nudos de velocidad, denominándolo Arturo Prat. Para el caso del Perú, el único autor que menciona la constrcción del Arturo Prat, ha sido el sociólogo e
historiador Enrique Amayo, en su libro La Política británica en la Guerra del Pacífico. Sin embargo, no hace ninguna referencia al propósito para el que fue construida dicha nave.
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Sin embargo, se debe mencionar que el tema fue conocido en su momento a través de algunas informaciones obtenidas por diplomáticos y marinos peruanos en el extranjero, tal como se verá más adelante. El crucero Arturo Prat: sus características,
misión e historial Vista la necesidad urgente de contar con una nave superior en todo sentido a las de la Escuadra peruana, los mandos navales chilenos buscaron un diseño distinto al de las cañoneras Rendel. Este requerimiento se vió reforzado, aun más,
luego de ocurrido el combate de Iquique, que tuvo como resultado la pérdida de la corbeta chilena Esmeralda después de ser
espoloneada por el Huáscar y la muerte en combate de su comandante, el capitán de fragata Arturo Prat.

Lo acontecido en Iquique, sumado al exitoso accionar inicial de las naves peruanas en sus incursiones sobre costas chilenas,
debió causar en Chile la impresión de hallarse frente a una nave casi imposible de capturar, a pesar de contar con dos
blindados superiores en todo sentido al Huáscar peruano. Sin lugar a dudas, la habilidad de Grau contribuyó notablemente a que se sobrevalorase la capacidad que en realidad poseía el blindado a su mando.

Por otro lado, considerando que la construcción de un buque de guerra demandaba un proceso no menor a un año, podría ser un
indicador de que en Chile existiese la creencia que la guerra se prolongaría mientras que el monitor peruano no fuese destruido.
Por ello, hallamos justificados los lamentos del Presidente chileno Aníbal Pinto, cuando el 11 de agosto de 1879 le escribe al Secretario de Guerra Rafael Sotomayor, manifestándole:

“La noticia de la captura del Rímac… la interpelación del Senado y las escenas vergonzosas acaecidas con motivo de la pérdida del Rímac, me han dejado la convicción de que nunca debimos comprometernos en guerra” [8].

Sin embargo, la suerte estaba echada para el Perú, puesto que en tanto se gestionaba la construcción del Arturo Prat en Gran Bretaña, el “cataclismo” político que trajo consigo la captura del Rímac, llevó

[8] Bulnes, Gonzalo, Guerra del Pacífico, Santiago, Ed. del Pacífico S.A., 1955, v.1,p.236.

a que los conductores de la guerra, ante la imposibilidad de iniciar la campaña terrestre para invadir el sur peruano, determinaran
que el hundimiento del Huáscar era prioritario e indispensable para proseguir sus planes. Mientras que en Chile se concebía un
plan para capturar al Huáscar con los medios disponibles, en Europa los hermanos Lynch se encargaban de concretar la construcción de un buque de características superiores en velocidad y artillería al de las naves peruanas. Para ello, se contactaron
con el astillero Elswick, ubicado en Low Walker, el mismo que formaba parte de la Casa Armstrong. Para diseñar el buque de acuerdo a sus especificaciones, se contó con la participación del propio George Rendel y del renombrado arquitecto naval Sir Edward Reed [9].

La decisión de involucrar a Reed se justificaba, por un lado, en la medida en que aquél había sido el diseñador de los blindados Cochrane y Blanco Encalada, y por otro, que ni bien iniciado el conflicto, fue contratado como asesor por el Gobierno de Chile a órdenes directas de Alberto Blest Gana, quien como ya se mencionó, se desempeñaba como Ministro Plenipotenciario de Chile
en París y Londres. En el Archivo Histórico Nacional de Santiago existen varios legajos con correspondencia que confirman
la relación laboral que mantuvo Reed con el Gobierno de Chile durante la guerra y después de ella.

Al momento de diseñarse el buque que luego sería bautizado Arturo Prat, se aplicaron conceptos que posteriormente darían lugar a la aparición de los cruceros protegidos, puesto que siendo requisito disponer de una velocidad muy superior a la del Huáscar y de la Unión, se concibió una nave imbatible frente a las existentes en este lado del Pacífico sudamericano, no obstante de carecer de blindaje. Rendel y Reed lograron combinar artillería poderosa y gran velocidad, a costa de sacrificar blindaje, y el producto resultante fue un crucero de 1.380 toneladas de desplazamiento, 67 metros de eslora, 9,8 metros de manga y 5,1 de puntal.

El nuevo diseño sería el primer paso hacia un nuevo tipo de buque, el crucero protegido, cuyo primer ejemplar, el Esmeralda, fue construido para Chile durante la guerra.

El Arturo Prat generó el interés del gobierno chino, el cual se hallaba desarrollando un programa de adquisiciones navales para hacer frente al creciente armamentismo japonés, encargando la construcción de dos buques idénticos, los mismos que con los nom-

[9] Reed, Edward. (Sheerness, 1830 – Londres, 1906). Arquitecto naval británico. En su juventud ingresó a la Escuela de Matemáticas y Construcciones Navales de Portsmouth. En 1860 Reed se desempeñó como Secretario del Instituto de Arquitectos Navales y en 1863, a los 33 años de edad, fue designado Constructor Principal. A lo largo de su desempeño en el cargo, introdujo una serie de innovaciones en el diseño de buques blindados, las mismas que para la época resultaron ser exitosas. Sin embargo, a raíz de una controversia que sostuvo con otro constructor de buques, el capitán de navío Cowper Coles, Reed renunció al cargo en 1870, puesto que las observaciones que él le hiciera a un blindado diseñado por aquél, no fueron tenidas en cuenta por el Almirantazgo. Posteriormente, Reed entró en el Parlamento, primero como representante de Pembroke (1874-1880) y luego por Cardiff (1880-1895 y 1900-1905).

Reed, adicionalmente a su labor parlamentaria, continuó laborando en el campo de las construcciones navales, ya sea como diseñador de buques o como asesor de varias Armadas extranjeras.
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bres de Chao Yung y Yang Wei fueron concluidos en julio de 1881. Con estas ideas y aprobado el diseño propuesto por Rendel y Reed, el 11 de agosto de 1879 se firmó el contrato de construcción del Arturo Prat con el astillero W.G. Armstrong y C°. por un monto ascendente a 85.000 libras esterlinas, menos el 5% de descuento que los contructores abonarían al gobierno de Chile al efectuarse el último pago. El precio consideraba el armamento y artillería, y debía ser pagado en tres partes: la primera al firmarse el contrato, la segunda al lanzar al agua el buque y la tercera luego de realizada la prueba oficial. A continuación se efectúa una descripción detallada de su equipamiento y capacidades.

Armamento
El armamento instalado a bordo del Arturo Prat era el más moderno de la época y la artillería principal se hallaba compuesta por dos cañones de retrocarga Armstrong de 10 pulgadas de diámetro, que disparaban proyectiles de 400 libras a una distancia máxima de 7.300 metros, con una energía suficiente para atravesar planchas de 16 pulgadas. Estos cañones, eran considerados como los de mayor poder de fuego existentes en una nave de guerra, a excepción de la que montaban los acorazados italianos Duilio y Dandolo y el acorazado británico HMS Inflexible [10].

Ambas piezas se hallaban dentro de dos torres sin blindar, montadas sobre cureñas hidráulicas de pivote central, situadas en cada extremo del buque, en posición de caza y retirada y teniendo cada una un campo de tiro de 184º, con lo que el buque estaba en capacidad de batir blancos hacia proa y popa así como por ambas bandas simultáneamente, sin necesidad de tener que variar su rumbo. Para la ronza, las piezas podían ser operadas con el sistema hidráulico o en modo manual.

Al diseñar la ubicación de los cañones se consideró estuvieran ambos bien apartados, lo que le permitiría, en caso que uno de ellos fuese impactado, continuar disparando con el otro. Lo cierto es que debido a que el buque ofrecía poco blanco cuando presentaba la proa o la popa, resultaba improbable que una sola granada desmontase las dos a un tiempo.

Contaba además, con una batería secundaria conformada por cuatro cañones de 4,7 pulgadas, destinados a batir buques sin blindar, dos cañones de 9 libras, cuatro ametralladoras Hotchkiss, así como dos tubos lanzatorpedos de 18” Whitehead-Luppis.

Adicionalmente, el buque llevaba como arma ofensiva un espolón.

Casco y compartimentaje
En lo referente al casco, era todo de acero, haciéndolo más liviano en comparación a los buques de hierro con la misma eslora. En proa, sobre la cubierta principal y por encima del espolón, el buque llevaba una falsa proa con mamparos verticales y horizontales, destinados a mejorar sus condiciones y cualidades oceánicas [11], así como para atenuar la fuer-

[10] Brook, Peter. ob. cit., p. 50.
[11] Ibídem.pp

za del choque al efectuar una maniobra de espoloneamiento. Todas las aperturas de la cubierta principal, como las escotillas y
portas de pasaje, se cerraban por medio de escotillas automáticas. En el diseño, se sacó el mayor provecho posible de la provisión de carbón que llevaba el buque, empleando los depósitos para dicho combustible como un cinturón protector a la altura de la línea
de flotación, con lo que el espacio ocupado por el carbón tenía un espesor aproximado de 4,57m sobre 3,6m de alto, de tal manera que las carboneras mismas actuasen como una especie de capa para amortiguar el impacto de los proyectiles enemigos.

Adicionalmente, disponía de una cubierta longitudinal, completamente estanca y cerrada por escotillas automáticas a la altura de la flotación, de un mamparo vertical situado en el plano diametral, sin apertura alguna, y seis mamparos transversales estancos.
En adición a estas mejoras en cuanto a compartimentaje para mantener la mayor estanqueidad posible, el buque tenía la ventaja de ser relativamente pequeño, con la altura de su artillería principal a 2,78m sobre la línea de flotación, ofreciendo muy poco blanco, considerando que por el largo alcance artillero propio y su velocidad superior, podría mantenerse fuera del alcance enemigo.
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Planta propulsora
La planta propulsora del Arturo Prat se hallaba conformada por una máquina alternativa del tipo compuesto, con cilindros horizontales y dos hélices. Se ubicaba completamente debajo de la línea de flotación y protegida por las carboneras, lo que en caso de combate, las preservaban de ser impactadas por la artillería enemiga. Dicha máquina desarrollaba una fuerza de 2.887 caballos indicados y por diseño podía andar hasta 15½ nudos de velocidad, con capacidad de mantenerla por un periodo de hasta cinco horas, empleando el tiro forzado en sus calderas, característica que facilitaba el escape de la nave ante cualquier adversario y prácticamente era imposible darle alcance.

Las calderas, que en número de 4 existían a bordo, eran del tipo cilíndrico de alta presión y también se hallaban bajo cubierta,
protegidas por el carbón. En lo relativo a la autonomía, la provisión de carbón era de 300 toneladas, equivalente a tres días de marcha a toda fuerza, y a 20 días en marcha económica. La autonomía en millas era de aproximadamente 5.380 millas a 8 nudos.

Esta era, pues, la nave imbatible destinada a cazar y destruir al Huáscar y a la Unión, en la que Chile cifraba sus esperanzas ante la incapacidad de su Escuadra.

Historial
Luego de definirse el diseño, el 2 de octubre de 1879 la quilla del Arturo Prat fue puesta en gradas del Astillero Armstrong en Low Walker, correspondiendo su construcción al proyecto Nº 339 del astillero en mención. Nada haría imaginar en esos momentos,
que tan solo seis días después, el buque al que estaba destinado a dar caza, el monitor peruano Huáscar, sería capturado por la escuadra chilena frente a Punta Angamos, en combate desigual.

La pérdida del Huáscar dejó a la Armada chilena con el balance del poder naval a su favor por el resto de la guerra, no obstante la tenaz lucha que ofrecieron las naves y marinos peruanos en el mar hasta el 15 de enero de 1881. Sin embargo, la construcción del Arturo Prat continuó y su lanzamiento al mar se llevó a cabo el 11 de noviembre de 1880, prosiguiendo el proceso de alistamiento de la nave para comisionarla en el más breve plazo y conducirla hacia costas sudamericanas.
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Acerca de la construcción de esta nave en astilleros británicos, es necesario mencionar que vulneraba totalmente la neutralidad
que oficialmente declaraban las autoridades británicas frente a la guerra que se desarrollaba entre Perú y Chile.

Esta sería una de las numerosas operaciones comerciales que la Casa Armstrong, así como otros fabricantes de material naval y militar británicos, realizaron con Chile durante la guerra.

La construcción del Arturo Prat fue un asunto que no tardó mucho en hacerse conocido, y ello lo fue también para algunos
funcionarios peruanos que habían sido enviados a Europa para lograr la adquisición de buques de guerra, con los fondos obtenidos en las erogaciones populares y colectas públicas efectuadas en el Perú durante 1879. Este fue el caso del ministro peruano en Paris Toribio Sanz [12] y del capitán de navío Alejandro Muñoz [13], quienes se hallaban a cargo de la construcción de manera secreta de dos buques tipo crucero, bautizados Sócrates y Diógenes, en los astilleros Howaldt en Kiel, Alemania.

La construcción de un buque para Chile en astilleros británicos la pudo conocer el capitán de navío Alejandro Muñoz en octubre de 1880, en ocasión de un viaje efectuado a Newcastle con la finalidad de supervisar uno de los cuatro cañones que el Perú gestionaba comprar a la Casa Armstrong para montarlos a bordo de los buques que se hallaban en construcción en Alemania.

[12] De Toribio Sanz, quien había sido nombrado por el Dictador Piérola mediante un Decreto Supremo del 24 de diciembre de 1879 como Agente Financiero del Perú en Europa, reemplazando también a Carlos Pividal como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Gran Bretaña, se conoce muy poco. Por una comunicación suya a Pividal, se sabe que lo relevó probablemente en los primeros días de febrero de 1880. Su nombramiento como agente financiero del Perú, implicó la cancelación de todos los poderes conferidos a todos los comisionados y agentes nombrados durante el Gobierno del General Prado, asumiendo la tarea que se hallaban desempeñando en Europa el doctor Francisco Rosas y Juan Mariano Goyeneche, a quienes por encargo del Dictador, con fecha 31 de diciembre de 1879 se les comunicó del hecho. Sanz, que al parecer tenía bastante vinculación con Piérola, fue quien se hizo cargo de la coordinación de la construcción de los cruceros Sócrates y Diógenes, reemplazando en dicha función, a
Julio Pflucker y Rico.

[13] Muñoz Sologuren, Alejandro Guillermo (Lima 1835- Middlesex 7/3/1883). Hijo del coronel Alejandro G. Muñoz y de Paula Sologuren. Fue admitido como guardiamarina en noviembre de 1849, y embarcado en el Rímac. En diciembre de 1850 pasó a servir en la fragata francesa Algerie y en la corbeta Serieuse, viajando a Oceanía, Brasil y Europa. En 1852 arribó a Londres a completar la dotación de la fragata Amazonas. Se halló a bordo del Gamarra durante la campaña sobre Cobija. 2° comandante del Ucayali hasta 1855. Dado de baja después de la batalla de La Palma se dedicó a navegar en buques mercantes,viajando a Inglaterra a bordo de la fragata Villa de Pisco. A su regreso se unió a la revolución del general Vivanco en 1857. Como comandante del bergantín Guise hizo la campaña contra el Ecuador en 1859. Fue también comandante del Lerzundi, vapor Callao, Tumbes y Apurímac. Participó en el combate del 2 de mayo en las baterías Santa Rosa y Torre de la Merced. Comandante del Huáscar en 1866.

En 1872 fue enviado a Inglaterra como jefe de la comisión de construcción de las cañoneras Pilcomayo y Chanchamayo. Permaneció en Europa como cónsul del Perú en el Havre desde 1875 y durante la guerra cumplió diversas comisiones para la adquisición de elementos navales. En 1883 hallándose en Inglaterra, puso fin a su vida en circunstancias desconocidas. Tenía el grado de capitán de navío efectivo desde 1865. Estuvo casado con Manuela Suárez y después con Elizabeth Numil. (Castañeda, Alicia. Reseñas biográficas de Oficiales de Marina 1500-1930. Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú. Lima,
1999, pp.134-135).

Conocida tan importante información, el 16 del mismo mes, José Jara Almonte, ministro plenipotenciario a cargo de la legación del Perú en Londres, informaba al Secretario de Relaciones Exteriores en el Perú, acerca del tema, adjuntando una descripción detallada del buque. Posteriormente, siguiendo instrucciones desde Lima, Toribio Sanz viajó a Londres en enero de 1881, con la finalidad de presentar una nota de protesta ante la Foreign Office, en la que denunciaba la construcción del crucero Prat para Chile en el astillero Armstrong. Esta gestión, en vista de la neutralidad declarada por parte del Gobierno británico, tuvo los resultados esperados, puesto que se dispuso su permanencia allí hasta que la guerra concluyese.

A pesar de lo anterior, el proceso de alistamiento del Arturo Prat continuó, y su construcción pronto fue un tema conocido
en el Perú de manera más abierta. Precisamente, uno de los diarios editados por las autoridades chilenas durante la ocupación de Lima, La Actualidad, dio a conocer la construcción del Arturo Prat en su edición del 4 de marzo de 1881, mencionando algunos detalles referidos a su artillería y a las pruebas que se efectuaban con las hélices destinadas a propulsar dicha nave, con el propósito de “darle más andar al buque”. Luego, en el mismo artículo se mencionaba que en pruebas, el Arturo Prat había andado a
razón de 15 a 15 ½ millas en un recorrido de 16 millas.

Tres meses después, el 12 de julio de 1881, otro diario chileno publicado en Lima, La Situación, daba a conocer que el capitán de navío Carlos Condell, había renunciado al mando del Huáscar y que había sido mandado por el gobierno de su país a Europa, para hacerse cargo de la “cañonera conmemorativa del ilustre Prat, i conducirla a Chile, tan pronto como las circunstancias lo permitan”.

La construcción del Arturo Prat también tuvo difusión en los medios británicos, con motivo de sus pruebas en la mar. Al respecto, el diario londinense Times, en su edición del 26 de julio, brindaba un recuento de las pruebas de máquinas y artillería, comentando favorablemente acerca de su maniobrabilidad, pues el buque navegando a máxima velocidad podía detener su marcha en una eslora y media con las máquinas en marcha atrás, teniendo capacidad, además, de virar en redondo sobre su propia eslora maniobrando con sus máquinas [16].

Como se ha visto, no obstante su detención en aguas británicas, el proceso para culminar al Arturo Prat continuaba, y esta actitud respondía quizás, a la creencia que con la capital del Perú ocupada, y controlando su litoral, el fin de la guerra sería un asunto a ser resuelto en pocos meses. Sin embargo, la heroica resistencia y la voluntad de luchar hasta las últimas consecuencias del ejército al mando de Cáceres, prolongaría la guerra en las serranías peruanas más allá de lo que alguien podría haber imaginado a mediados de 1881.

Y en lo que al Arturo Prat refiere, si en 1881, con la designación de Condell para comandarlo se tenía en mente disponer pronto del buque, lo que ocurría en territorio peruano distaba mucho en ser lo que se esperaba en torno a un pronto final de la guerra. La contienda se extendió dos años más, y mantener al crucero prácticamente inmovilizado, se convirtió en una situación problemática, por los gastos innecesarios que ocasionaba, considerando que el propósito para el cual fue construido ya había cesado, y porque el Perú ya no representaba ninguna amenaza en el mar. En tal sentido, la incorporación del Arturo Prat dejó de ser una prioridad, y llegado el año 1883, ante el interés del Japón en su adquisición, el Gobierno de Chile dispuso que el Ministerio de Marina evaluase tal oferta en función a la utilidad que el buque pudiese tener en aquellos momentos para su armada.

Con las instrucciones del caso, el 17 de febrero de 1883 el Ministro de Marina Carlos Castleton presidió una junta de oficiales en Valparaíso, en la cual participaron el capitán de navío Juan La Torre, comandante en jefe de la Escuadra, el capitán de navío Óscar Viel, mayor general del departamento, el capitán de fragata Ramón Vidal, y el jefe de la sección del ministerio. Durante la reunión, se sometió a opinión de los convocados la ventaja o desventaja de vender al Arturo Prat, habiéndose determinado de manera unánime la conveniencia de efectuar su venta, siempre y cuando se mandase a construir otro buque en su lugar. Las razones consideradas para tal decisión fueron las siguientes:

el buque no podría salir hasta que fuera firmada la paz con el Perú; ya se estaba construyendo un nuevo buque para su Escuadra; y, para el momento, se consideraba que el buque no era apropiado para el servicio en costas chilenas, por su solidez, ubicación de la artillería, y lo dispendioso que era su andar por estar subordinado al vapor [17].

Luego, el Gobierno chileno comunicó la decisión a Alberto Blest Gana, quien a su vez encomendó dicha tarea al arquitecto Edward J. Reed, el que acusó recibo del encargo mediante un documento fechado 21 de mayo de 1883 [18]. Reed, con la autorización de las autoridades chilenas, entabló contacto con las del Japón, logrando confirmar su interés, informando de inmediato a Blest el 7 de octubre del mismo año. Finalmente, una comisión naval japonesa, al mando del Almirante Ito concretó la adquisición del Arturo Prat el 16 de junio de 1883, a un costo de 80.000 libras esterlinas, precio similar al pagado por Chile para su construcción. El buque
fue rebautizado Tsukushi y luego de un corto periodo de reacondicionamiento, zarpó hacia su nueva patria.

El Tsukushi, durante su servicio en la Marina Imperial del Japón, participó en la Guerra Sino-japonesa de 1894-95, integrando el 4º escuadrón y las fuerzas navales que tuvieron a cargo la captura de la bahía china de Ta-Lien, ubicada al este de Port Arthur. En el año 1898 fue reclasificado como cañonero y se le dotó de nuevo armamento, consistente en un montaje de 76mm, dos de 47mm, dos ametralladoras y dos tubos lanzatorpedos de 18”. En la Guerra Ruso-japonesa, el Tsukushi desempeñó un papel importante en la captura de las posiciones rusas en Nanshan, gracias a haber silenciado con su artillería a las baterías de costa enemigas, siendo destinado posteriormente a patrullar en las afueras de Newchwang. Durante la batalla de Tsushima, debido a que fue destinado a la 7º División del 3º Escuadrón a órdenes del almirante Yamada, cuya misión fue la de permanecer en la
retaguardia, no tomó parte activa en las acciones.

El 25 de mayo de 1906 fue destinado a servir como buque de instrucción en el puerto de Kure, y finalmente fue retirado del servicio en el año 1910.

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Bibliografía
Libros y revistas
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Fuentes Documentales
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sobre construcción de buques.
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Serie Ministerio de Marina.
- Oficios recibidos por la Comandancia General de Marina (1879-1886). Legajo Nº 369.
Serie Ministerio de Relaciones Exteriores.
- Inventario de la Legación de Chile en Francia y Gran Bretaña (1819-1907), 2º serie. Correspondencia
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De Internet:
Sidoli, Osvaldo, Los cañoneros tipo “Rendel”.
En Internet: histarmar.com.ar/InfGral/CanionerosRendel.htm

Se acuerda la adquisición de barcos cuando la guerra ya se había desatado - Siglo XIX

Se acuerda la adquisición de barcos cuando la guerra ya se había desatado
Ni aun así los civilistas cumplieron su palabra

La Razón

Los pueblos que no aprenden de las lecciones de su propia historia, más aun de sus tragedias, como fue la guerra de rapiña de Chile contra Perú de 1879, marchan al despeñadero. Las líneas que siguen son aleccionadoras de cómo el civilismo histórico, por puro odio y mezquindad para con las Fuerzas Armadas de esos años, las desarmaron y las pusieron en la indefensión, a pocos años, meses y hasta el mismo día de la infausta declaratoria de guerra. No escucharon la voz serena y precavida de Grau, los pedidos de urgencia del Ejército, los informes de la inteligencia peruana que desde el mismo Santiago daban cuenta del armamentismo y las ambiciones expansionistas chilenas. Es decir no hicieron nada. Ya sabemos cómo terminó esa conflagración. Los tataranietos de ese mismo civilismo traidor ahora controlan el Ministerio de Defensa y nos hablan de su huachafo plan “Nube”. Cualquier parecido de este material del pasado con la realidad actual ¿será pura coincidencia? (NdeR).

Ha dicho el gran historiador Alfonso Bouroncle Carreón, en “La Tragedia del 79″, que Chile preparó con una anticipación de diez a doce años “su fuerza armada para usurpar a Bolivia y el Perú sus riquezas guaneras y salitreras, a solicitud y pleno apoyo de Inglaterra, país que se sentía afectado en sus intereses por la política controlista desarrollada por el Perú en relación al salitre y, que en 1869 se dispuso la supresión de los concesionarios del guano, inmensa riqueza, de la cual el Estado sólo percibió una cantidad mínima…”

El cuadro de pre guerra fue, según el historiador, de una crisis política que se reflejó en la economía, colocando al país al borde de la bancarrota, motivando que sus créditos externos fueran suprimidos.

En este contexto es que el civilismo culpa de todos los males nacionales al militarismo y, para combatirlo, en 1872, cuando asumió el poder Manuel Pardo, lo primero que hizo para suprimir el déficit fiscal fue disminuir los efectivos del Ejército y dejar a la Marina en su misma condición. Es más, incluso suprimió las partidas presupuestarias para la adquisición de dos acorazados que fueran de mayor poderío que los dos adquiridos en esos años por Chile. Sin embargo, agrega Bouroncle, se valió de subterfugios para lograr que no se efectúen dichas adquisiciones, pese a la tenaz y decidida oposición de Miguel Grau, quien, como uno de los cuatro jefes de la armada, expresó su opinión en forma categórica.

“Pero al civilismo no le interesaba considerar la defensa nacional con las armas en la mano, sino a través del más descabellado y absurdo actuar diplomático, que colocó al Perú a merced de Chile. Más censurable resulta el actuar político del gobierno civilista, si se tiene en cuenta que conocían con precisión el armamentismo chileno, e incluso mostraba premura para lograrlo, ya que el primer intento, fue adquirir barcos ya construidos, posteriormente recién se deciden a mandarlos construir, adquisiciones que tardan más de dos años en construirse ya que fueron entregados el primero en 1874 y el segundo al año siguiente. Lo cual indica que el gobierno de Manuel Pardo conoció perfectamente lo que Chile hacía y, sin embargo, no hizo nada positivo para contrarrestar dicha amenaza, ya que las pretendidas alianzas con Bolivia y Argentina, no tenían justificación, pues al primer país le faltaban elementos defensivos en especial una flota (…)”

“Hay otro elemento que debe ser analizado fría y serenamente y es la responsabilidad que le cupo a los mandos de la Marina nacional en la decisión de no adquirir esos dos acorazados, pese a que el contrato para su construcción ya estaba suscrito en tiempo de Balta y que por anularlo, el Perú debió pagar una multa de cincuenta mil libras esterlinas. ¿Manuel Pardo decidió su anulación y convenció a sus amigos marinos para que opinaran en contra de la adquisición, o simplemente los jefes navales así lo decidieron? Se debe recordar que había un antagonismo entre la Marina y el Ejército, plenamente puesto en evidencia cuando la sublevación de los Gutiérrez en 1872, pues, al tener noticias Manuel Pardo de la pronta insurgencia, se refugió primero en el “Huáscar” y después pasó a la “Independencia” y la flota se pronunció desde el comienzo a su favor, enviando el primer barco al sur, para evitar que se extendiera la revuelta en contra de Balta”.

Manuel Pardo había consultado a los jefes navales sobre la necesidad o no de continuar con la adquisición de los acorazados y según la documentación existente, con excepción de Grau según algunos autores y apoyado por el capitán de navío José Rosendo Carreño, según otros, la Junta Consultiva de la Marina reunida en 1874 para considerar la situación, Junta constituida por Grau, Moore, García y García, Camilo Carrillo, Carreño y otros, se pronunciaron en el sentido que la flota existente era suficiente para contrarrestar a las adquisiciones chilenas”.

(…)

“Sobre la situación de desequilibrio de fuerzas navales a favor de Chile, hubo una nueva advertencia. En febrero de 1877, Grau viajó a Valparaíso para recoger los restos de su padre y tuvo la oportunidad de ver los acorazados chilenos en puerto. Como experto en materia naval, efectuó la comparación con los blindados peruanos, apreciando la enorme inferioridad en que se encontraba la flota peruana. Al retornar a Lima, manifestó e insistió, como en oportunidades anteriores, de la necesidad urgente de adquirir dos poderosos acorazados, única manera de disuadir a Chile de sus planes expansionistas territoriales. Sensiblemente no fue escuchado.

Se aprecia que desde 1872, el Perú quedaba en franca desventaja frente al armamentismo chileno, por obra del gobierno de Manuel Pardo, quien, con gran ligereza trató los problemas nacionales de la defensa, en aras de una acción diplomática carente de sentido realista, de objetivos definidos y realizada con gente impreparada, carentes de habilidad y, en oportunidades, indiferente a la realidad peruana.

Ya que se había cometido el dislate de suscribir la alianza con Bolivia en 1873, no se tuvo la firmeza de proseguir las negociaciones con la Argentina, que si bien se iniciaron en el mismo año, quedaron detenidas inicialmente por la situación fronteriza entre Argentina y Bolivia, demora que se prolongó por cambio de gobierno en la República del Plata, al terminar el mandato de Sarmiento.

Reanudadas las negociaciones en 1875, el Perú no mostró mayor entusiasmo para continuarlas, debido a un cambio de política sobre esa alianza.

¿Fue la presencia del “Cochrane” en el litoral chileno lo que determinó ese cambio de política? Demostraría pusilanimidad de parte de la cancillería peruana, al no desear que Chile se malquistara al conocer que Perú insistía en las negociaciones, cuando justamente la aparición del blindado debió haberlas acelerado, ya que la integración argentina a la alianza era un freno a las ambiciones expansionistas del país del sur.

“No habría habido guerra”
¿Se debió al temor de Riva Agüero, ministro de Relaciones Exteriores del Perú, que la incorporación de Argentina podría determinar una alianza de Chile con Brasil? En este caso mostraba la falta de habilidad negociadora de la cancillería limeña, pese a que el canciller peruano había planteado que se dejara constancia en el tratado, que:

“La alianza no se extenderá a las cuestiones que por razones políticas o de territorios pueda suscitarse entre la Confederación y el Imperio”.

“Si en lugar de la política de las alianzas, el Perú en vista de las construcciones navales de Chile desde 1871, hubiera adoptado la política de los armamentos, o simultáneamente esta política con la de las alianzas, y se hubiera preparado, no para la agresión, sino para la defensa, en el mar y en tierra, no habría habido guerra”.

¿Y el Ejército?
“El civilismo no sólo dejó al Perú inerme frente a su potencial enemigo en materia naval, sino que igualmente el Ejército fue dejado de lado, al disminuir sus cuadros y no efectuar la renovación del armamento. De un ejército de línea próximo a los doce mil hombres con que contaba el Perú en 1872, a las finales del gobierno de Balta, para 1876, al término gubernamental de Pardo, se habían reducido los cuadros a menos de cuatro mil soldados. Olvidaron o no quisieron conocer la nueva tecnología en estrategias militares y efectividad de nuevos armamentos, originados en la guerra franco prusiana de 1870, que había puesto en evidencia la alta calidad de la preparación militar prusiana y de sus armamentos, en especial la artillería fabricada por las fábricas Krupp. Chile, por el contrario, aplicó en gran escala esas nuevas experiencias, iniciándolas con la contratación de una misión militar alemana para el adiestramiento de su ejército que incluía artilleros para el manejo de los cañones, mercenarios complementados con otros de procedencia inglesa.

El gobierno de Mariano Ignacio Prado, que le sucede, tampoco hace nada para remediar la situación e incluso, con gran ingenuidad, por decir lo menos, Prado se jactaba que su compadre Pinto, en ese entonces presidente de Chile, le había asegurado que no existían planes ni ideas bélicas en contra del Perú, y Prado creyó lo que su compadre le dijo, pese a los informes que llegaban al gobierno del cada día mayor armamentismo y preparación militar de Chile y de los continuos y virulentos ataques de su prensa, que señalaban abiertamente, que el enemigo de Chile era el Perú y no ninguno de sus dos vecinos y, por el contrario, desarrollaban una política de acercamiento a Bolivia para ofrecerle el canje de Antofagasta por Arica y Tacna, explicándoles que la salida natural del país altiplánico al océano era por esos departamentos.

Pese a ello, Prado, continuó en una posición negativa a la preparación militar en previsión a cualquier contingencia. Actitud que está expuesta en las ciento noventa sesiones del consejo de ministros que se llevaron a efecto durante su presidencia desde el 2 de agosto de 1876 hasta su partida a Europa en diciembre de 1879″.

Crece oposición a venta de gas a Chile

Crece oposición a venta de gas a Chile
Congresistas unánimemente se pronuncian en defensa de los intereses nacionales.

Expreso

Nuevas voces de la Representación Nacional se sumaron a la de la mayoría de la población, en el sentido de no venderle gas al vecino país del sur porque de ocurrir esta negociación, se estaría permitiendo que Chile emplee posiblemente este producto energético en material bélico como para movilizar sus tanques o buques de guerra, entre otras alternativas de uso militar.

El miembro titular de las Comisiones de Defensa Nacional y de Inteligencia, Lourdes Alcorta (UN), manifestó que dadas las circunstancias en que se encuentran el Perú y Chile, primero se tiene que asegurar el consumo interno peruano y, después de esto, a cuarenta o cincuenta años podría venderse gas no sólo al país del sur, sino a cualquier otro que así lo requiera.

“El tema del hortelano primero se tiene que aplicar en el Perú, porque la obligación y el compromiso comienza por casa. Ahora, he escuchado que la empresa Pluspetrol quiere venderle gas a una empresa asociada a explosivos chilenos, entonces, si estamos tratando de construir la paz y trabajando en construir buenas relaciones y lamentablemente nos enteramos de que vamos a vender materia prima a Chile para que fabrique bombas, ¿para qué? Una cosa es ser prudentes y otra es la firmeza”, enfatizó Alcorta.

“Seríamos demasiado tontos, una cosa es la prudencia y otro cosa es la firmeza. Por el momento no hay que venderle gas a Chile. Mi opinión es que sería muy complicado venderle gas a Chile en estas circunstancias y a estas alturas”, comentó.

Opiniones coincidentes
Por su lado, el presidente de la Comisión de Fiscalización, Alberto Escudero (UPP), sostuvo que “la actitud de nuestro país es tener una clara vocación nacionalista, y sobre todo una posición estratégica de lo que significa la seguridad de nuestro país frente a nuestros vecinos, en este caso, de nuestro vecino del sur; pienso que nuestro gas debería ser utilizado fundamentalmente para garantizar el consumo interno, más que para lo que significa la exportación”, indicó.
“No es el momento de vender gas a Chile, mucho más, cuando dicho recurso podría utilizarlo para liderar un mayor poderío bélico, ya que no deja de invertir en la compra de armamento. Creo que corresponde al Parlamento en su conjunto y en ese caso específico a la Comisión de Energía y Minas, sin dejar pasar por alto la Comisión de Defensa, para que se tome medidas en el caso de la venta de nuestro gas”, sentenció Escudero.

En tanto, el congresista David Waisman (AP) dijo que primero hay que estar seguros, ‘cien por ciento’, si el Perú va a tener gas por lo menos unos cincuenta años.

“En este caso no estoy de acuerdo, y me opondría en el Congreso de la República a cualquier norma o medida que estipule la venta de gas a un país vecino cuya trayectoria ha sido muy agresiva en cuanto a sus políticos, no así su ciudadanía, durante décadas de décadas, y con la mayor razón aún cuando se está viendo el tema del diferendo marítimo ante La Haya”, afirmó.

HERLESS CARRIÓN

El dato
“Pertenezco a la Comisión de Energía y Minas y voy a plantear este tema para ver si se puede debatir el caso del gas, porque vemos que el gas de Camisea es una concesión y no una venta, y como tal está sujeta a darle garantía al dueño de la concesión, pero también está la reserva del caso y las garantías para el país”, acotó Waisman.