Voluntarios del Ejército de los Estados Unidos culminaron acción cívica en Ayacucho
Leonidas Canchanya Joaquín
Enviado especial
La Razon
El Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos de Norteamérica entregó en Ayacucho un conjunto de importantes obras sociales para el servicio exclusivo de poblaciones que viven en la extrema pobreza, luego de culminar una segunda edición del programa de acción cívica “Nuevos Horizontes”, y de vencer una oposición absurda del neosenderismo expresado a través del llamado Frente de Defensa de los Intereses del Pueblo de Ayacucho (Fredepa).
Los voluntarios norteamericanos fueron objeto desde el comienzo de una campaña de mentiras y calumnias, como que “habían venido a llevarse el agua congelada en barcos, han traído armas en contenedores para atacar el VRAE, sus médicos van a extraer órganos de los niños y van a llevarse nuestros minerales, etc.”, que felizmente no tuvo eco en la población, la cual apoyó sin reservas a los brigadistas “gringos”.
El Comando Sur organiza este ejercicio cívico desde algunos años en diversos países del hemisferio sur. El anterior se realizó en 2006 en distritos del departamento de Lambayeque.
El programa Nuevos Horizontes, en los casi cuatro meses de trabajo solidario, ofreció servicios médicos, construyó aulas escolares, pozos de agua y realizó diferentes labores de asistencia humanitaria, con la participación de ciudadanos peruanos y estadounidenses, militares y civiles.
Obras a la vista
Tres equipos médicos de atención de emergencias, conformados por dentistas, oftalmólogos, enfermeras y profesionales de la salud del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea, dieron atención diaria a la población ayacuchana
Cada uno de estos equipos se instaló en tres localidades distintas y dieron servicios a más de 12 mil personas de nueve comunidades de Ayacucho, según cifras oficiales de la Embajada de los Estados Unidos.
El balance de la presencia del programa “Nuevos Horizontes” ha sido totalmente beneficioso para los pobladores ayacuchanos.
En Yanama, construyeron una posta médica y una escuela que estarán al servicio de una comunidad de más de 8 mil personas. En San José, levantaron edificaciones similares para una comunidad de 5 mil personas. En San Cristóbal, levantaron una posta médica que servirá a una población de 6,500 personas. La poza construida en Azángaro dará agua a una comunidad de 1,200 personas.
La experiencia, conforme lo dijeron los jefes de los dos ejércitos, teniente general USA Norman Seip y general EP Edwin Donayre Gotzch, permitirá que ambas fuerzas mejoren su capacidad de reacción y de ayuda a la población en cualquier lugar y en cualquier momento necesarios.
La ayuda en infraestructura social legada para los ayacuchanos está valorizada en aproximadamente medio millón de dólares, sin tomar en cuenta los gastos de logística invertidos en el traslado del personal y materiales hacia el Perú.
Narcoterrorismo
La experiencia cumplida también ha permitido que el neosenderismo, expresado a través de un grupo radical llamado Fredepa, no tiene ya ninguna influencia decisiva en la población, como lo prueba el hecho de que a pesar de la realización de hostilizaciones públicas, las obras de los voluntarios no se detuvieron hasta quedar concluidas y entregadas.
Los agitadores de oficio estuvieron encabezados por el llamado Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho (Fredepa), cuyo presidente es Iver Antenor Maraví Olarte, conocido por el sobrenombre de “Chillico” (saltamonte, en quechua), y por Ulcer Pillca Paitán, presidente del Fredepa en la provincia de Huanta, entre otros.
Según fuentes de inteligencia militar, informada a la prensa por canales regulares, las agresivas actividades de difamación, agitación y siembra de información falsa habrían sido alentadas y financiadas por los carteles ayacuchano y apurimeño del narcotráfico.
La presencia de personal militar estadounidense fue interpretada erróneamente por las organizaciones dedicadas al negocio de la cocaína, como el inicio de una presunta intervención armada con apoyo de soldados norteamericanos en zonas como el VRAE (valles de los ríos Apurímac y Ene).
Se afirma que los principales cabecillas del narcotráfico habrían reunido una “bolsa” de aproximadamente US$ 100 mil, para financiar el plan propagandístico dirigido a lanzar a la población más pobre y menos informada contra los visitantes. El plan habría sido ejecutado por los dirigentes del “Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho” y su filial de Huanta.
Los agitadores regalaron dinero y víveres, y costearon el transporte de decenas de campesinos para trasladarlos a Huamanga desde otras provincias y distritos y organizar una suerte de manifestación “portátil” para insultar a los funcionarios y oficiales del Comando Sur de los Estados Unidos.
El Fredepa y diversos medios de comunicación de Ayacucho, que les sirvieron como cajas de resonancia, difundieron especies absurdas como éstas: “los gringos vinieron a congelar nuestra agua para llevársela en barcos; trajeron armas en contenedores sellados para atacar el VRAE; sus médicos van a extraer los órganos de los niños; vinieron a extraer nuestros minerales”, etc.
Palabras de Donayre
Durante la ceremonia de despedida a los militares de los Estados Unidos, el comandante general del Ejército del Perú, general Edwin Donayre Gotzch, pidió disculpas al personal norteamericano por los incidentes aislados protagonizados por este grupo furiosamente opuesto a la presencia norteamericana en territorio ayacuchano.
Donayre prefirió ser cauteloso y no llamar las cosas por su nombre. “Quiero pensar que no tuvieron una intención perversa, sino que están mal informados”, dijo al solicitar mayor responsabilidad a los medios de comunicación ayacuchanos.
“Con esta propaganda mezquina y mal intencionada han pretendido impedir que la gente pobre tenga un apoyo médico en las zonas más necesitadas”, dijo el jefe del Ejército peruano en un breve discurso ofrecido durante la ceremonia de despedida de la delegación americana.
“Somos más que ellos”
El alcalde del distrito de Carmen Alto, Marcelino Paucca Cancho, fue más explícito. “Se trata de mentiras difundidas por un grupo de agitadores, compuesto por no más de 30 ó 40 personas. “Pero, nosotros, somos más que ellos, y queremos agradecer a nombre del pueblo de Carmen Alto y de Ayacucho la ayuda que nuestros amigos de Estados Unidos han traído para los más necesitados. Nosotros hemos confrontado a ese grupo de personas (del Fredepa) frontalmente”, dijo en una breve alocución.
“Aquí, las fuerzas amigas de EEUU han venido a ofrecerle una ayuda de valor inapreciable al pueblo de Ayacucho. Agradezco a nuestros amigos y al gobierno peruano porque conjuntamente con ellos estamos trabajando”, agregó.
Como era de esperarse, los funcionarios y militares estadounidenses, en sus breves diálogos con la prensa y representantes políticos locales, no expresaron ninguna mortificación por los ocasionales actos de hostilidad de que fueron víctimas en las calles durante su permanencia en Ayacucho, por parte de pequeños grupos de manifestantes. La población en sí, según fue posible apreciarlo, no se sumó a esas hostilizaciones.
Algunos de estos manifestantes trataron de acercarse al campamento del personal militar norteamericano, levantado a unos 15 kilómetros fuera de la ciudad de Ayacucho, pero fueron impedidos por los servicios de seguridad.
Incidente
Excepcionalmente, los voluntarios no pudieron construir una segunda poza de agua en Chávez Pampa (Luricocha, Huanta), debido a la presencia de una furiosa turba movilizada por el Frente de Defensa del Pueblo de Huanta, cuyo cabecilla es el ex recluso Eloy Robles Carrión, con los argumentos ridículos ya mencionados, quienes impidieron a viva fuerza la construcción.
Por esta razón, la misión cívico militar norteamericana abandonó Ayacucho, rumbo a la ciudad de Pisco (Ica), antes del tiempo previsto. Según el programa, debían culminar sus actividades a fines de septiembre y se marcharon el 26 de agosto. La razón, no reconocida oficialmente, es ese acto de maltrato por parte del grupo radical antediluviano.
Ese hecho en verdad nunca debió ocurrir si es que la autoridad política hubiera adoptado con anticipación las medidas de seguridad convenientes.
Inicialmente, en las primeras semanas del programa, el general Edwin Donayre, para contrarrestar la campaña de calumnias de los neosenderistas del Fredepa, invitó a la prensa ayacuchana a presenciar la llegada de los contenedores desde los EEU y les instó a abrir cualquiera de ellos para comprobar si contenían armamento bélico, como aseguraban los rumores. Sólo hallaron medicinas, equipos médicos, herramientas y materiales de ingeniería.
“Yo vine a Ayacucho para verificar y aclarar estos rumores –dijo Donayre-, pero el daño propagandístico ya estaba hecho porque hubo maltrato verbal a los que vinieron a ayudar”.
Esos agitadores, agregó, son terriblemente ignorantes, porque nadie entra al Perú sin el permiso respectivo, y para hacer respetar la soberanía está el Ejército Peruano.
<---fin de Cita--->
Articulo Relacionado:
Soldados mutilados por el terrorismo
La Razon
La despedida a los norteamericanos reunió también a una tropa de ex soldados ayacuchanos del Ejército que resultaron mutilados durante la guerra antisubversiva en las décadas del 80 y 90.
En silla de ruedas y en uniforme de comando, un soldado mutilado de la pierna derecha, se calzó una pierna ortopédica (con bota militar incluida) que le regaló el Ejército y se puso en pie caminando con desenvoltura.
“Si te llamamos para la defensa nacional, vas o no vas?”, otra vez Donayre, entre broma y en serio. “Sí, mi general”, respondió muy en serio el soldado. Aplausos.
Estos ex soldados, ahora inmersos en la vida civil, piden títulos de propiedad de un terreno donde han levantado sus viviendas en el poblado de Yanama. El comandante del Ejército les aseguró que había obtenido los compromisos del presidente regional, Ernesto Molina; alcalde provincial, Germán Martinelli, ministro de Agricultura, Ismael Benavides; y del comando del Ejército, para que tengan sus títulos, junto con los del asentamiento de Mollepata.
Se recordó que el Ejército perdió en total entre 1,200 y 1,300 efectivos, desde soldados a altos oficiales, en las dos décadas de violencia terrorista en el país.
