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La Batalla de Tarapacá es paradigma de una victoria singular en la historia universal

El Ejército peruano venció a un enemigo que era superior en número y en pertrechos militares

Julio del Carpio Gallegos (*)
La Razon

Anulado el poderío naval del Perú con la captura del Monitor Huáscar en el Combate de Angamos, donde un solo buque se enfrentó a toda la escuadra enemiga, Chile logró la supremacía en el mar cortando la línea de comunicaciones que Grau mantuvo abierta durante 8 meses y permitió el abastecimiento de armamento, municiones, víveres y el traslado de tropas desde las instalaciones administrativas del interior hasta las bases operativas del Primer Ejército del Sur.

Desarticulada la línea de comunicaciones marítima, las fuerzas aliadas quedaron completamente aisladas del Segundo Ejército, sin movilidad estratégica alguna, con limitada capacidad táctica de maniobra y sin ninguna posibilidad de apoyo logístico de retaguardia.
La situación del Primer Ejército del Sur era insostenible espacial y temporalmente, los núcleos de resistencia aliados desplegados en el amplio Teatro de Operaciones del Desierto, sin capacidad de refuerzo y fuera de la distancia de apoyo, eran vulnerables a ser destruidos en detalle por un ataque simultáneo del enemigo.

El Comando del Primer Ejército del Sur, tras analizar la situación, en el contexto de los cambios estratégicos operados con el desembarco de un ejército de 10 mil soldados enemigos en Pisagua, que originó un enorme desbalance de fuerzas, así como el frustrado intento del ataque aliado a las posiciones enemigas del cerro San Francisco y el retiro de las fuerzas bolivianas del campo de batalla, decide emprender la retirada hacia el Nudo de Comunicaciones de Arica-Tacna para lograr la concentración de las fuerzas con las unidades que conformaban la segunda posición defensiva.

Página épica
La retirada de las tropas peruanas a través del desierto de Atacama, el más árido del mundo donde las temperaturas promedio oscilan en rangos de 50º y la posterior Batalla de Tarapacá, constituyen una página épica en la historia universal, desde Aníbal hasta el Mariscal Rommel en El Alamein y el General Schwarzkop en la Operación “Tormenta del Desierto”.

El Primer Ejército del Sur, después de atravesar la pampa de Tamarugal, ahogado por la sed, exhausto por el cansancio, arribó a la quebrada de Tarapacá, donde las tropas hicieron un gran alto, en su itinerario de marcha hacia Arica, distante 500 kilómetros a través de terrenos desérticos desprovistos de recurso alguno, desplazamiento que duró 20 días, sin abastecimientos, interrumpida su línea de comunicaciones y flanqueado por un enemigo inmensamente superior en efectivos y dotado de armamento de última generación.

El General en Jefe del Ejército chileno al tener conocimiento de la vulnerable situación en que se encontraban las Fuerzas Peruanas decidió enviar un Ejército de 3,500 hombres de las tres armas para aniquilarlos en el fondo de la quebrada de Tarapacá.

La ofensiva fue ejecutada el 27 de noviembre de 1879 mediante una maniobra de doble envolvimiento: la Primera División desencadenó su ataque desde la posición de Huarasiña, la Segunda División atacó por el flanco que domina el pueblo, completando el cerco con la Tercera División, cuya misión era cortar la retirada de las fuerzas que escaparan al aniquilamiento del grueso.

Lucha encarnizada
Las fuerzas peruanas, reaccionaron con celeridad, organizaron inicialmente una defensa móvil, la Segunda División al mando del Coronel Cáceres contraatacó escalando los casi inaccesibles cerros hasta llegar a la cumbre, donde entabló una lucha cuerpo a cuerpo y rechazó el ataque del enemigo.

Los valerosos soldados del Batallón “Zepita” en una invencible carga a la bayoneta lograron apoderarse de 4 cañones Krupp, continuaron su avance despojándose de sus viejos rifles Chassepot y recogiendo los fusiles Komblain que arrojaban los chilenos en su desesperada fuga y les ocasionaron fuertes bajas.

La Tercera División, al mando del Coronel Bolognesi contraatacó a la división chilena que se encontraba en las alturas de Huarasiña y después de un prolongado combate los desalojó de la posición que ocupaban haciéndolos huir, destacando la acción del Guardia Mariano De Los Santos del Batallón “Guardias de Arequipa”, quien logro capturar el Estandarte de Guerra del Regimiento chileno Segundo de Línea.

El tenaz combate se tornó encarnizado cuando la División Peruana “Vanguardia” al mando del Coronel Dávila, que llegaba de Pachica, realizó un vigoroso ataque en fuerza que hizo huir en desbandada al ejército chileno, el que no fue aniquilado por carecer las Fuerzas Peruanas de escuadrones de caballería y artillería de campaña, para efectuar la persecución y explotación del éxito.

Estupor chileno
Al atardecer, el campo de batalla quedó en poder de las tropas peruanas que infligieron al ejército chileno su más grande derrota en la Guerra del Pacífico, ocasionándole más de mil bajas entre muertos y heridos, se capturaron 4 cañones Krupp y 4 obuses, el Estandarte de Guerra del 2do de Línea, numerosas banderas, armamento, municiones, víveres, pertrechos, la ambulancia, etc.

La noticia de la derrota sufrida por el ejército chileno en Tarapacá produjo en Chile estupor e indignación. El historiador chileno Vicuña Mackenna cita: “Eran las doce del día y la Batalla de Tarapacá estaba perdida. Zapadores, Chacabuco y la Artillería de Marina habían sido rechazados en toda la línea y 8 cañones quedaron en poder del enemigo… con estos y con nuestros propios proyectiles se hizo fuego a nuestras tropas… la derrota de las dos primeras Divisiones era por tanto completa… los pocos sobrevivientes retrocedían… cuando fueron alcanzados por las Divisiones Peruanas que llegaban de Pachica y entonces el pánico se apoderó de todos y las laderas del Huarasiña cubrieronse de fugitivos”.

La Batalla de Tarapacá es el paradigma de una victoria única, sin émulo y sin par en la historia universal, constituye la antítesis de las leyes de la guerra que preconiza que los ejércitos han ganado o perdido batallas por el éxito o fracaso de sus servicios logísticos y la tecnología de las armas.

En la Batalla de Tarapacá el Infante Peruano demostró la superioridad del ser nacional, sus altos valores militares, su entrega sin condicionamientos en defensa de la heredad patria, legando a la posteridad una página de gloria que jamás el enemigo logrará borrar de la memoria histórica, la derrota que la Infantería Peruana ocasionó a la élite de su ejército.

(*) Teniente Coronel EP ®

Cancillería recibe donación de documentos del siglo XVI

Es una colección del Tribunal del Consulado del siglo XVI

Lima, nov. 25 (ANDINA).- El ministerio de Relaciones Exteriores, recibió hoy una donación consistente en una colección de documentos del Tribunal del Consulado de Lima, que fuera establecido por Felipe II en 1563, en ceremonia encabezada por el canciller José Antonio García Belaunde.

Estos documentos, que fueron entregados en un acto en el palacio de Torre Tagle, completan la colección del Archivo Histórico de Límites del Ministerio de Relaciones Exteriores, y facilita una mejor comprensión de los actos mercantiles durante el periodo de la Emancipación.

El Tribunal del Consulado de Lima fue una institución virreinal que ejerció el control monopólico de los negocios y el comercio de la mayor parte de la América del Sur hasta entrado el siglo XVIII, en que se impuso la reforma borbónica.

Subsistió en el Perú independiente hasta el año 1886, en que fue reemplazado por la actual Cámara de Comercio y la Bolsa de Valores de Lima.

Además de esta colección, también se hizo entrega de un expediente contable del siglo XVII.

Asimismo, se donó un libro editado en la Argentina, en la década de 1940, en torno a la venta irregular de la colección documental oficial que el doctor Emilio Gutiérrez de Quintanilla recibiera del Estado para la elaboración de una historia de la independencia del Perú.

(FIN) LIT/FPQ

Chile devolverá al Perú material bibliográfico

Canciller destaca que gesto contribuye a afianzar la relación bilateral

Lima, nov. 18 (ANDINA).- Chile entregará en los próximos días un conjunto de documentos y archivos pertenecientes originalmente al Perú, anunció la directora de Bibliotecas, Archivos y Museos de ese país, Nivia Palma Manríquez, quien se encuentra de visita en Lima.

La funcionaria hizo el anuncio luego de sostener hoy una reunión con el ministro de Relaciones Exteriores, José Antonio García Belaunde.

El material bibliográfico corresponde a 77 volúmenes de propiedad del Perú; de los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores (41 volúmenes), Ministerio de Hacienda (12 volúmenes) y Ejército del Sur peruano (24 volúmenes), así como 32 libros manuscritos.

Estos archivos y documentos se encontraban en las dependencias del Archivo Nacional de Chile, entidad integrante de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de ese país.

El canciller del Perú, al agradecer el referido gesto, recordó que el 5 de noviembre del año pasado, el Gobierno de Chile devolvió a nuestro país 3.788 libros pertenecientes al acervo documental peruano.

Ambos actos constituyen gestos que contribuyen a afianzar las relaciones amistosas entre ambos países, precisa el comunicado el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.

(FIN) NDP/SMA/CCR

Perú anuncia demanda a Yale por piezas de Machu Picchu

15:34 | Seguimiento de acción judicial estarán titulares de Educación, de Relaciones Exteriores y de Trabajo

El Comercio

Lima (AP).- El Consejo de Ministros aprobó presentar una demanda judicial contra la Universidad de Yale, de Estados Unidos, para recuperar una numerosa colección de piezas de la ciudadela incaica de Machu Picchu en poder de dicho centro de estudios.

El diario oficial El Peruano informó el domingo que el Ministerio de Justicia procederá a designar a un procurador para que defienda los intereses del Estado peruano en esta causa.

A cargo del seguimiento de la acción judicial, estará un equipo integrado por los titulares de Educación, José Antonio Chang; de Relaciones Exteriores, José Antonio García Belaunde, y de Trabajo y Promoción Social, Jorge Villasante.

Según El Peruano, el Ministerio de Trabajo informó en una nota de prensa que el presidente Alan García instó a los ministros designados a actuar con celeridad en este caso.

Yale posee miles de piezas, entre cerámicas, textiles y momias, que extrajo de Machu Picchu el explorador estadounidense Hiram Bingham, señalado como el descubridor de la ciudadela inca en 1911.

Perú pidió a Yale en el 2006 que devolviera la colección de artefactos y el año pasado firmaron un memorando de entendimiento por el que se acordó la devolución de algunas piezas. Pero antes de llegar a un acuerdo final, Perú exigió la devolución de la totalidad de los objetos.

El 27 de septiembre, representantes de la Universidad de Yale se reunieron en Nueva York con el canciller García Belaunde, a fin de llegar a una solución antes de ir al ámbito judicial, pero no se logró ningún avance.

La ciudadela incaica de Machu Picchu es el principal atractivo turístico de Perú y se ubica en el departamento de Cusco, que está a 570 kilómetros al sureste de Lima.

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Las escuelas tacneñas y la resistencia

Un capítulo de la “chilenización” que impuso la invasión militar chilena en la provincia cautiva de Tacna

Juvenal Ordóñez Salazar (*)
La Razon

El 29 de agosto de cada año los peruanos conmemoramos uno de los capítulos más sombríos de nuestra historia: el fin de 50 años de cautiverio de Tacna en manos del militarismo chileno y su retorno a la Patria en 1929. A propósito de esta fecha, publicamos a continuación un capítulo del libro “La afrenta olvidada, Memoria para las nuevas generaciones”(*), publicada al alimón por el congresista Juvenal Ordóñez Salazar y José Guillermo Guevara Torres, que recuerda cómo los invasores trataron de castrar la peruanidad de los habitantes de la provincia cautiva. Los autores advierten en la introducción de la obra que se trata de no olvidar la historia para que nunca más se vuelva a repetir. (NdeR)

En su libro La Escuela Peruana en Tacna- 1793-1907- Págs. 44 a 56, Carlos Alberto González Marín proporciona valioso material al respecto. El 9 de enero de 1879 empezó a funcionar el Colegio de la Independencia en Tacna y cuando el 5 de abril se declaró la guerra se formaron en la Alameda más de dos mil voluntarios al mando de Enrique Salked, conjunto que serviría de base para la formación de los diferentes batallones como los Artesanos de Tacna y Los Granaderos de Tacna.
El entonces alumno Pedro Quina Castañón dejó oír su voz desde el balcón de la Municipalidad en contra del “derecho de conquista” proclamado por Chile, ante una multitud de tres mil personas indignadas.

En 1880 empezó a funcionar el Colegio Francés de Madame Ana Duhuison en la Calle Dos de Mayo, entre cuyas alumnas estaba Zoila Sabel Cáceres, de importante protagonismo años más tarde.

El 9 de junio, días después de la cruenta batalla del Morro de Arica, la alumna tacneña Clara Henríquez, de diecisiete años de edad, se movilizó hasta el Morro buscando los restos del Coronel Inclán.

Se entrevistó con Juan José Vildoso, asistente de Inclán, que estaba prisionero, quien le mostró el Pabellón Nacional que ondeó en la Carpa de Estado Mayor de Bolognesi, mantenido oculto. La joven guardó el símbolo patrio en su cuerpo y lo extrajo subrepticiamente, entregándolo cuarenta años después al Museo Nacional.

En 1897, la tacneña Perfecta Heredia Viuda de Taillac, regresó de Santiago de Chile a Tacna, después de enviudar, evitando que sus cuatro hijos hicieran el servicio militar. Fundó el Liceo Santa Rosa, donde se educaría otro importante grupo de mujeres tacneñas.

Ese mismo año, Adolfo Mena fundó el Instituto de Educación Popular con el propósito de alfabetizar a los indígenas de Tarata y Charaña.

El 14 de setiembre de 1897 el pueblo tacneño erigió un monumento a Francisco de Paula González Vigil Yáñez, patricio del liberalismo tacneño, excomulgado repetidas veces por la iglesia, a pesar de su condición de sacerdote, gestor y pionero de la educación para las mujeres y las clases populares.

González Vigil manejó en su doctrina liberal educativa muchos argumentos bastante adelantados para la época, a cuyo marco conceptual de laicismo y mesocracia respondieron todas las escuelas abiertas en la ciudad en los años posteriores, las mismas que fueran clausuradas por la chilenización “canalla”.

La fundación casi consecutiva de centros escolares a cargo de tacneños o extranjeros de fe tacneña, en el fondo funcionó como una macro estrategia de resistencia y peruanización sostenida, que rindió sus frutos en el cautiverio, dando sustento al patriotismo local, entendido como forma de cultura estructurada sobre la base de sentimientos, afectos memoria y racionalidad.

El determinante rol de la mujer tacneña en los años de la chilenización “cortés” y “canalla” se debió, en gran medida, a la calidad de su escolaridad, y en el caso de muchas de ellas, a su horizontalidad con relación a los varones, porque además, algunos centros educativos eran mixtos, situación infrecuente en la época.

Como parte integrante de la cultura local tacneña, tenemos que admitir las influencias de axiologías lejanas que llegaron al valle a través de sucesivas presencias demográficas de minorías europeas, asiáticas, africanas y otras, que dada la dimensión poblacional y espacial de Tacna, fueron gravitantes en esa noción de horizontalidad entre hombres y mujeres, creando en las mentalidades la ausencia de xenofobia, racismo y exclusión.

En 1890, se fundó el Colegio de la Inmaculada Concepción, bajo la dirección de Melchora Olivera y el asesoramiento de María Cieza. En este centro se educaron una serie de tacneños que cumplieron importantes roles en la resistencia, incluyendo a Ángela Fernández de Simpson, que en la época pre-plebiscitaria trajo desde Santiago a cuatro de sus hijos fingiéndolos chilenos para engrosar las listas patrióticas.

De otro lado, como una manera de afianzar los soportes subjetivos del patriotismo, el Congreso de la República creó en el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe de Lima, cuatro becas completas para jóvenes tacneños. Uno de aquellos beneficiarios fue Jorge Basadre.

El 24 de mayo de 1893 –en el Círculo Vigil- se llevó a cabo otro acto de unidad tacneña y fortalecimiento patriótico. Con el objeto de colocar una placa recordatoria en la Casa de Francisco Antonio de Zela, se congregaron la Asociación Patriótica de Carpinteros, delegados y directores de los colegios de Tacna, La Sociedad Peruana, Sociedad de Artesanos, Sociedad de Enfardeladores, Talia Tacneña y la Sociedad Peruana de Beneficencia.

La placa fue colocada el 28 de julio de ese año en un acto multitudinario que convocó a pobladores de Tacna y Arica.

En 1895, las montoneras de Nicolás de Piérola tomaron el poder y el caudillo designó al poeta tacneño Modesto Molina, hombre de su confianza, encargado de organizar las escuelas peruanas en territorio cautivo. Al finalizar su tarea quedaron establecidas 18 nuevas escuelas en Arica, Tacna y Tarata.

En el informe que elevó al Ministerio de Educación manifestó que en Tacna y Arica funcionaban 32 escuelas de uno y otro sexo, a las que asistían 1,400 niños, siendo 260 chilenos y 1,140 peruanos.

Asimismo, el 27 de noviembre, al celebrarse el triunfo peruano en la batalla de Tarapacá, el pueblo tacneño se congregó una vez más para reafirmar la unidad afectiva en torno del territorio.

Un 12 de marzo del mismo año –al iniciarse las labores- en el Colegio Peruano de Instrucción, una serie de señoritas tacneñas organizaron una velada en el Teatro Municipal en homenaje a América y Europa, generándose otra oportunidad de unidad tacneña frente al ocupante.

En 1896, se fundó la Sociedad Católica de Instrucción y Auxilios Mutuos de Señoras, similar a la Sociedad de Artesanos, congregando a una vasta lista de mujeres tacneñas que resistieron los embates chilenizadores.

Fueron las mismas que en el año 1881 formaron la Sociedad de Señoras para trabajar, resolviendo como voluntarias una serie de problemas humanos y sociales derivados directamente de las batallas de Arica y del Alto de la Alianza.

A punto de finalizar el siglo -en 1899- algunos pabellones chilenos ondeaban en los edificios públicos, pero en los pagos de Pocollay, Humo, Calana, Pachía, Palca y Para, flameaban también banderas peruanas y los estudiantes se prepararon para un multitudinario desfile de antorchas.

La manifestación fue liderada por una enorme bandera confeccionada por las damas tacneñas organizadas en sus asociaciones.

No debe olvidarse que Ramón Castilla, el 5 de julio de 1843, ingresó a Tacna con un tambor, diez hombres y dos asistentes, después de cruentas batallas desgastadoras, pero de inmediato reconstruyó su ejército a pedido del pueblo tacneño, decidido a emprender la última fase caudillista y asumir la presidencia por primera vez, dando fundación al Perú Jurídico.

En aquella epopeya las damas tacneñas colaboraron confeccionando ropas, uniformes, aditamentos y banderas, de modo que el oficio femenino tacneño de confeccionar símbolos utilitarios no era nuevo.

El 9 de febrero de 1900, el Intendente Francisco Palacios conminó a cada director de escuela o colegio a declarar por escrito si su establecimiento era gratuito o no –y si era el caso- señalar quién pagaba sus servicios.

El objetivo era demostrar que el gobierno peruano tenía injerencia en la educación tacneña. Igualmente, el Intendente informó a sus superiores que en las escuelas tacneñas se enseñaba a odiar a Chile.

El 14 de mayo de 1900, las escuelas peruanas recibieron el Oficio Nº 85, disponiendo que en el plazo de 24 horas “cesen sus funciones y cierren los planteles de enseñanza peruana en territorio chileno”. (Ministerio de Relaciones Exteriores. Documentos relativos al plebiscito de Tacna y Arica: Escuelas Peruanas. T. I Págs., 39 y 40).

(*) Editado por el Congreso de la República, agosto 2008. Ediciones “Historia presente”.

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Rinden homenaje al heroísmo de tacneños en los 79 años de su reincorporación al Perú

En el Cuartel General del Ejército, reclaman repotenciación de FFAA

La Razon

Con el tradicional paseo de la Bandera Nacional, el Ejército Peruano rindió homenaje ayer al patriotismo y heroísmo de todo el pueblo de Tacna que hace 79 años logró mediante un plebiscito y una lucha permanente reincorporarse al Perú. La ceremonia fue propicia para que Tacna, en la voz de sus representantes, advirtiera la amenaza del espíritu expansionista de Chile y el desequilibrio estratégico que promueve con su carrera armamentista.

La ceremonia contó con la presencia del jefe del Estado Mayor del Ejército, general Pedro Cateriano, en representación del comandante general Edwin Donayre; el embajador Hugo de Zela; el presidente del Club de Tacna, Félix Murillo Alfaro, así como de las plebiscitarias quienes el 28 de agosto de 1929, enfrentaron con decisión el abuso chileno y exigieron su retorno al Perú.
“Debemos sentirnos orgullosos de la perseverancia de los ciudadanos de Tacna, que no se amilanaron ante los problemas y tomar este coraje de hace 79 años como ejemplo en nuestros días”, afirmó el embajador Hugo de Zela Hurtado, hijo ilustre de Tacna.

La oportunidad fue propicia para que De Zela advirtiera de la ruptura del desequilibrio estratégico en la región debido a la carrera armamentista emprendida por Chile.

Ante ello, advirtió que urge la necesidad de solventar económicamente a nuestras Fuerzas Armadas, a través por ejemplo del canon del gas y el aumento del Fondo de Defensa, y así reemplazar los equipos obsoletos, para recuperar el poder disuasivo que siempre nos caracterizó.

De igual modo, afirmó que el Perú fue a la Corte de Justicia de La Haya en busca de una solución definitiva, ante la necesidad de definir de una vez por todas la delimitación marítima, y expresó su seguridad de que el tribunal internacional resolverá favorablemente para el Perú, pues el reclamo peruano se sustenta en la documentación probatoria reunida y la jurisprudencia internacional que le da la razón al Perú.

El diplomático fue enfático al indicar que no existe revanchismo ni patrioterismo en su pedido de repotenciar las Fuerzas Armadas, pues si fuera así se exigiría la devolución de los territorios incautados. El Perú requiere vivir la etapa de tranquilidad, sin espíritus expansionistas, afirmó.

La ceremonia
La ceremonia se inició con el paseo de la Bandera Nacional, sostenida por las ex plebiscitarias, el jefe del Estado Mayor, Pedro Cateriano, el presidente del Club de Tacna, y cadetes mujeres del Ejército por toda la explanada del Cuartel General del Ejército.

Mientras de fondo se escuchaban palabras de la poeta Rosa Vargas Méndez que recitó el poema de Enrique López Albújar “A mi Bandera”.

La ceremonia concluyó con la retirada de los batallones de los Húsares de Junín, el ejército y la banda.

Sin abdicaciones
Es importante recordar que Tacna, el departamento más meridional del Perú, fue ocupado por Chile desde 1880 tras la finalización de la Guerra del Pacífico. Sin abdicar de su nacionalidad peruana retornó a nuestro país casi medio siglo después.

Con motivo de celebrar el aniversario de la reincorporación de Tacna a la heredad nacional, la comuna provincial programó diversas actividades durante el presente mes, entre ellas un festival de teatro infantil-juvenil, un concierto de gala del coro municipal, retreta de bandas y un festival internacional de guitarra y danzas.

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Los niños también rindieron homenaje a la Ciudad Heroica

Aires de peruanidad se respira en Tacna en las celebraciones por el 79 aniversario de reincorporación de la Ciudad Heroica al suelo patrio y la niñez no podía permanecer ajena y con su característico espíritu de inocencia, recorrieron el Paseo Cívico en un singular desfile en el que se representaban estampas de escenas vividas antes, durante y después del cautiverio. Fueron centenares de niños de más de cincuenta instituciones educativas, según informa Radio Uno, de Tacna, los que desfilaron por más de tres horas a lo largo del paseo cívico y zonas aledañas, despertando a su paso vivas y aplausos de los asistentes.
Los pequeños representaron pasajes de la vida cotidiana de la Tacna de antaño. Pequeñas floristas cuyos cabellos lucían adornados con buganvillas, se desplazaron a lo largo de la avenida San Martín.

También se hicieron presentes los melcocheros, encargados de endulzar los días de la comunidad tacneña, así como los canillitas que despertaban a las familias tacneñas dando a conocer los sucesos más importantes del día.

No podía estar ausente en este desfile la escena del repase. Algunos niños disfrazados de valerosos soldados y las pequeñas vestidas de “rabonas”, recordaron el hecho ocurrido en 1880, en el campo del Alto de la Alianza. Además de ellos, la Columna de Para y la estampa de las cautivas.

La procesión de la bandera también fue revivida por los alumnos del nivel inicial, quienes con paso firme portaban el emblema patrio, mientras entonaban a viva voz el Himno Nacional.

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Perú pide a tribunal de Florida ser parte en juicio por propiedad de tesoro rescatado de galeón español

Tesoro por valor de USS 500 millones habría salido del Perú

Lima, ago. 20 (ANDINA).- El Ministerio de Relaciones Exteriores informó hoy que a través de nuestra Embajada en los Estados Unidos de América, el Perú presentó ante el Tribunal Distrital Federal de Tampa, en Florida, un escrito por el cual solicita ser parte del juicio que se sigue para determinar la propiedad de un tesoro rescatado del fondo del mar y que incluiría monedas de oro y plata que habrían sido acuñadas en el Perú.

Este juicio se sigue entre la empresa Odyssey Marine Exploration Inc. y el Reino de España.

El mencionado juicio se lleva adelante para determinar la propiedad de los bienes que componen el cargamento recuperado de los restos de un naufragio en el Océano Atlántico por dicha empresa, y que incluiría monedas de oro y plata que habrían sido acuñadas en el Perú, así como otros bienes originarios de nuestro país.

Mediante este acto de apersonamiento, el Estado peruano solicita acceder al cargamento rescatado y a la información del proceso, con el fin de que pueda ser evaluado por peritos para determinar si efectivamente pertenecen al patrimonio cultural de la Nación, lo que permitirá elaborar la debida defensa legal.

Desde hace España y la empresa norteamericana están peleando en los tribunales la propiedad de una embarcación hallada en el Atlántico y que se presume es “Nuestra Señora de las Mercedes y las Ánimas”, que partió de América con un cargamento de monedas acuñadas en Lima.

De acuerdo con información que manejan varios medios, el galeón en disputa habría transportado un cargamento de alrededor de 17 toneladas de oro y plata, que se estima valdría más de 500 millones de dólares.

El barco “Nuestra Señora de las Mercedes y las Ánimas” fue hundido frente a las costas de Portugal por embarcaciones inglesas, en 1804.

(FIN) NDP/RRR

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Declaran a julio como el ‘mes de la victoria de Tumbes’ por triunfo en batalla de Zarumilla

Lima, ago. 06 (ANDINA).- El gobierno regional tumbesino instauró a julio como el “mes de la victoria de Tumbes”, con la finalidad de conmemorar el triunfo de las fuerzas armadas peruanas frente a las tropas ecuatorianas en la batalla de Zarumilla, librada en este departamento norteño.

En dicha acción militar en defensa de nuestras fronteras se inmolaron valerosos soldados y oficiales peruanos con entrega y patriotismo, entre ellos el capitán FAP José Abelardo Quiñones, destaca una ordenanza regional.

La norma recuerda que en 1941 se produjo una incursión de tropas ecuatorianas en el territorio nacional, desarrollándose el día 24 de julio de aquel año la batalla de Zarumilla, gesta heroica en la que las fuerzas armadas peruanas, en distintas acciones militares en tierra y aire, consiguieron la victoria en la zona norte de nuestro país.

La ordenanza, publicada hoy en el boletín de Normas Legales del Diario Oficial El Peruano, señala que tan importantes logros merecen un programa especial en vista de la relevancia de los hechos, los mismos que contribuyen al reforzamiento del sentimiento patrio en las presentes y futuras generaciones.

Así, durante julio de cada año, el gobierno regional establecerá un programa de actividades con motivo de conmemorar el “mes de la victoria de Tumbes”, cuyo día central será celebrado el 24, recordando la fecha de la referida batalla.

De igual manera se dispuso que las actividades cívico patrióticas se inicien con la realización de desfiles cívico - militares en las provincias de Tumbes, Contralmirante Villar y Zarumilla el primer domingo, el segundo domingo y el 24 de este mes, respectivamente.

También se instituyó el lema “Tumbes. Tierra gloriosa, victoriosa e inmaculada de la patria”, debiendo figurar en el encabezamiento de los documentos oficiales de las entidades públicas y privadas de este departamento, ubicado en el extremo norte del país.

(FIN) PZA/JOT

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La Molina rindió homenaje a sobrevivientes de la Campaña Militar de 1941

Lima, jul. 21 (ANDINA).- La municipalidad de La Molina rindió esta mañana un homenaje a los sobrevivientes ex combatientes de la campaña de 1941, que defendieron con su vida a la Patria durante el conflicto con Ecuador.

Al conmemorarse este mes un aniversario más de la independencia nacional, la comuna de La Molina reunió a los valerosos combatientes, que ahora bordean los 90 años y que recibieron con entusiasmo ese reconocimiento por su indeclinable amor a la Patria.

Durante la ceremonia, los ex combatientes encendieron la llama votiva y se rindió honores a la Patria con un desfile cívico.

El alcalde distrital, Luis Dibós, expresó su satisfacción por tener la oportunidad de expresar el reconocimiento de los peruanos hacia quienes no dudaron en exponer sus propias vidas por defender el territorio nacional.

“Es un orgullo para mí rendir homenaje a nuestros compatriotas que ofrecieron sus vidas por nuestro país, muchos de los cuales ya no nos acompañan”, manifestó Dibós.

A la ceremonia asistieron los integrantes de la asociación Vencedores de la Campaña de 1941, la Orden de la Legión Mariscal Cáceres Filial La Molina, representantes de las Fuerzas Armadas, escoltas educativas, entre otros invitados.

Algunos de los ex combatientes como Pedro Pascual Soto, quien pronto cumplirá los 83 años, quiso rememorar algunos gloriosos episodios del conflicto. Reveló, por ejemplo, que él fue uno de los testigos de la inmolación del capitán FAP José Abelardo Quiñones, quien entregó su vida al estrellar su nave contra el cuartel ecuatoriano.

“Todos los batallones de Ecuador retrocedieron al ver estrellarse la nave. Con mis demás compañeros entramos a la provincia del país enemigo y fue ahí donde los contrarios se rindieron”, recordó con alegría.

César Ponce Quirós, de 88 años de edad, rememoró que en 1941 era adjunto al capitán de la compañía y que desde niño quiso entrar al Ejército.

“Los momentos más difíciles para mí fueron cuando recordaba a mi familia, pero no importaba porque estaba ahí en medio de los ruidos de los cañones y el grito de ayuda de mis compañeros, peleando por la defensa de la Bandera”, anotó.

(FIN) CBP/ART

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Demoledora contraofensiva contra invasores chilenos en Pucará, Marcavalle y Concepción

Hace 126 años el Ejército del Centro de Andrés Avelino Cáceres se cubrió de gloria en el Valle del Mantaro

Hoy como ayer, si no se tiene una fuerza disuasiva es imposible frenar la voracidad de los enemigos

Tnte. Crnl EP Julio del Carpio Gallegos

La Razon

Después del sacrificiio de las batallas de San Juan y Miraflores en las que ofrendaron sus vidas lo mejor de la sociedad limeña, donde al lado del humilde artesano, combatieron los jóvenes sanmarquinos, los niños del Colegio Guadalupe, venerables ancianos, magistrados e intelectuales, llevados al sacrificio, por la imprevisión, la impericia y la necedad de los estrategas del desarme unilateral.

Por la impericia y necedad de gentes demasiado inocentes y confiadas, de ayer y hoy, que traidoramente continúan negando recursos a las Fuerzas Armadas, de los apologistas de la derrota que ingenuamente preconizan la defensa desarmada y el núcleo básico, del autismo de los comandos militares, de los generales extraviados en el laberinto del poder efímero y la no deliberancia.
Todos ellos, corresponsables de una derrota anunciada, que ahora pueden llevarnos nuevamente al desastre si no aprendemos las lecciones de la historia, que lapidariamente nos señala que es inviable el desarrollo sin el soporte de la seguridad.

De esa hecatombe trágica, insurge un militar excepcional, indoblegable ante la adversidad, que mantuvo en alto el Honor Nacional, invicta su Bandera en las altas cumbres cordilleranas y en las frías punas de la sierra derrotó a los chilenos en cuanto combate osaron enfrentársele. Me refiero al Mariscal Andrés Avelino Cáceres, el “Brujo de los Andes” como lo llamaban sus adversarios en una mezcla de temor y admiración.

Estratega brillante, conceptualizó que la resistencia armada debía darse en el hinterland geoestratégico que vertebra el país, anulando las ventajas tácticas que le proporcionaba al enemigo la cobertura de la flota naval, explotando las condiciones naturales del terreno y la superioridad del Ser Nacional para compensar el inmenso desequilibrio en armamento, equipo y logística del que disponía el adversario.

Combates victoriosos
Cáceres emprende la lucha contra el enemigo convencido de que una paz con honor sin cesión territorial solo se lograría con el respaldo de las armas y que toda gestión diplomática para poner término a la guerra, como la iniciada por el presidente Francisco García Calderón, con el auspicio del Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos Stephen Hurbult y el Secretario de Estado James G. Blaine, tendría éxito si se contaba con un poder militar disuasivo capaz de imponer condiciones.

Los combates de Carampoma, Cieneguilla, Sángrar, San Jerónimo, Chupaca, Acostambo, Tarma, Sierralumi, Sapallanga, Pucará, Marcavalle, Concepción y tantos otros combates victoriosos que perduran en la memoria colectiva de los pueblos de la sierra, en que el Ejército y las Guerrillas del Mariscal Cáceres vencieron a las fuerzas chilenas en la Campaña de “La Breña”.

Esta gesta, sostenida durante dos largos años y ocho meses, desde abril de 1881 hasta octubre de 1883, constituyen el irrefutable esclarecimiento histórico de que Chile no pudo derrotar militarmente al Perú y buscó desesperadamente una salida diplomática y política al entrampamiento de una contienda insostenible en el tiempo e irresoluta en el espacio, a pesar de todo el apoyo económico-financiero y militar que le proporcionó su aliado: el imperialismo inglés.

Arrolladora ofensiva
Después de la reorganización del Ejército del Centro, Cáceres decide iniciar la contraofensiva explotando la vulnerabilidad estratégica del fraccionamiento de las fuerzas de la División chilena al mando del Coronel Estanislao del Canto, para lo cual planea realizar un doble envolvimiento, batiendo en detalle a los destacamentos chilenos ubicados en las posiciones defensivas de Pucará, Marcavalle y Concepción, cortarles la retirada, aniquilando al grueso en el valle del Mantaro, para en una 2da fase continuar la ofensiva hacia Lima atacando al núcleo de las fuerzas del ejército de ocupación.

En cumplimiento del Plan de Operaciones, en la madrugada del 9 de julio de 1882, el emblemático Batallón “Tarapaca”, vencedor de la batalla del mismo nombre, realiza un ataque frontal contra el Batallón “Santiago”, simultáneamente la columna “Voluntarios de Izcuchaca” desborda al enemigo, el ímpetu del ataque es irresistible.

Los chilenos, a los 15 minutos de combate, ante el peligro de ser cercados abandonan sus posiciones defensivas del cuello Marcavalle y huyen desordenadamente en busca del apoyo de las unidades chilenas desplegadas en la posición defensiva de Pucará, esta segunda línea es incapaz de resistir el arrollador ataque peruano siendo capturada la posición y aniquilados sus defensores.

Ante la gravedad de la situación que comprometía la seguridad de la División, el Coronel del Canto ordena la intervención de la reserva general, la que efectúa una carga por el flanco con el “2do de Línea”, el Batallón “Lautaro” y los “Carabineros de Yungay”, pero el ataque es rechazado completamente sufriendo fuertes bajas.

Ante la inminencia de que la retirada hacia Lima les fuera cortada por la maniobra envolvente que efectuaban las fuerzas peruanas del Coronel Tafur, que amenazaba con cerrar el cerco y aniquilar a las fuerzas chilenas del bolsón del Mantaro, estos se repliegan presurosamente hacia la ciudad de Huancayo para después emprender la retirada hacia Lima.

La gesta del coronel Juan Gastó en Concepción

Las fuerzas del Coronel Juan Gastó que tenía como misión atacar a las fuerzas del Batallón “Chacabuco” acuarteladas en la ciudad de Concepción, a las 15.00 horas del mismo día atacan a la posición enemiga , la cual ante la imposibilidad de emprender la retirada ya que serían destruidas a campo traviesa, realizan una tenaz defensa en las barricadas construidas en la Plaza de Armas, luego la continúan en los parapetos de la casa parroquial, que es incendiada por los guerrilleros, ultimando a los 77 oficiales y soldados enemigos.
El coronel Morales Toledo al referirse al desastre chileno en Pucará y Marcavalle manifiesta: “Frente al empuje del ataque de nuestros soldados, sucumbieron la totalidad de los chilenos del Destacamento de Avanzadas de Marcavalle, así como los refuerzos llegados de Pucará y Sapallanga.

El Batallón “Santiago”, el Batallón élite del ejército chileno, fue completamente aniquilado, habiendo muerto en el combate su 1er Jefe, los Oficiales y 150 soldados que quedaron sembrados en el espacio de una legua, desnudos y lanceados por nuestros indios”.

En la contraofensiva de julio de 1882, las fuerzas peruanas derrotaron a una División chilena de 3.000 soldados habiéndoles causado 600 bajas, se recuperó la sierra central desalojando a las fuerzas chilenas del ejército de ocupación, lo que ocasionó una crisis política en Chile, se capturaron más de 300 rifles Comblain, numerosas pistolas, el parque de municiones, la caja del Batallón “Lautaro”, una Bandera de Guerra, el archivo del cuerpo, caballos, vestuario, vituallas, etc.

Mientras las fuerzas chilenas derrotadas se retiraban en marchas forzadas hacia Lima, amagadas por los guerrilleros en toda la ruta, altos jefes chilenos manifestaban: “Si el Moltke peruano, hubiese dirigido las Batallas de San Juan y Miraflores, el ejército chileno no hubiera entrado en Lima”.

La Campaña de “La Breña” enriqueció la doctrina y la praxis bélica de la Guerra de Guerrillas, transformándola en la que hoy se denomina la Guerra Asimétrica, asimilada con posteridad por el Mariscal Tito en Yugoslavia, Ho Chi Minh en Vietnam, Fidel Castro en Sierra Maestra, Mao Tse Tung, reelaborando la teoría cacerista, en la guerra prolongada contra el Kuo Min Tang.

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Nuevo descubrimiento arqueológico en Lambayeque permitirá llegada de más inversión privada, afirma Simon

Se comenzará a elaborar expedientes técnicos para construir carreteras a Úcupe

Lima, jul. 05 (ANDINA).- El presidente del Gobierno Regional de Lambayeque, Yehude Simon, afirmó hoy que el hallazgo de los restos de un personaje preinca en la zona de Úcupe va a significar la llegada de mayor inversión privada a ese lugar que antes estaba olvidado.
“Esta es una noticia extraordinaria para el Perú y por cierto para Lambayeque aunque también creo que para la cultura mundial incluso porque este descubrimiento traspasa las fronteras del Perú y es una noticia a nivel mundial”, comentó.

Un equipo de investigadores encabezados por el especialista canadiense Steve Bourget, de la Universidad de Texas, descubrió en la zona arqueológica de Úcupe, en el distrito Lagunas, una tumba que contiene los restos de un personaje con una antigüedad de 1,700 años.

Al respecto, Simon indicó que la región de Lambayeque estaba creciendo en su actividad económica por el turismo que generaba las tumbas y museos del Señor de Sipán pero ahora con este nuevo definitivamente habrá más inversión y turistas.

“Creo que va a llegar muy buena inversión a la zona que está junto a Cayaltí, y pese a que no tenemos ningún tipo de canon, sí vamos a tener un canon cultural porque esto significa un plus a la cultura peruana y a la cultura Mochica”, explicó.

Recordó que el Gobierno Regional de Lambayeque está haciendo todos los esfuerzos necesarios, junto al gobierno central, para que se siga protegiendo la riqueza cultural de la zona y siga difundiéndose con mayor profundidad.

“Este último descubrimiento ha sido resultado del esfuerzo de los arqueólogos lambayecanos y la cooperación internacional”, dijo en RPP Noticias.

El funcionario señaló que a raíz del descubrimiento del Señor de Sicán y el Señor de Sipán se ha venido trabajando con los pobladores ubicados en los alrededores para generar que haya una mayor actividad turística y ahora se hará lo mismo con la gente de Úcupe.

“Cuando se descubrió el Señor de Sipán la gente pidió que hagamos la carretera Pomalca - Huaca Rajada y luego de casi 20 años recién estamos concursando el proyecto para ver cómo hacemos para que exista mayor turismo y que esta carretera sea una realidad”, indicó.

En ese sentido, manifestó que con la experiencia ya obtenida en la región se harán todos los esfuerzos necesarios para buscar los recursos que permitan establecer las vías de acceso a la zona del descubrimiento de Úcupe.

“Vamos a elaborar los expedientes técnicos para que la zona donde se ha encontrado este nuevo descubrimiento tenga las carreteras necesarias y que los turistas no coman tierra sino que puedan ver la belleza del descubrimiento y la belleza del paisaje que tenemos en la zona”, enfatizó.

Mencionó que resulta imposible hacer las carreteras necesarias sean construidas con los recursos del gobierno regional, por lo que se buscará la cooperación del gobierno central.

“Si nosotros ponemos el esfuerzo en carreteras, entonces la inversión privada va a llegar con muchísima más fuerza y de tal manera que podamos pensar incluso en algún hotel cerca de la zona donde se encuentran estos descubrimientos”, acotó.

(FIN) EBS/EBS

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Peruanos castigaron a invasores chilenos en la hacienda Sángrar

Hace 127 años tropas del coronel EP Encarnación Vento derrotaron a tropas chilenas

Jesús Ponce Sánchez (*)

La Razon

Sángrar era una hacienda ubicada en el paraje del mismo nombre de propiedad de los familiares del coronel del Ejército, Encarnación Vento Garrido, ubicada en el distrito de Marcapomacocha, provincia de Yauli, La Oroya (Junín), a 4,400 metros de altura sobre el nivel del mar. En este escenario, hace 127 años, las armas peruanas se coronaron de gloria al causar 50 bajas a un destacamento del ejército invasor chileno.

Enterado el teniente chileno Ambrosio Letelier, que allí existía abundante ganado vacuno, lanar, acémilas y riquezas metálicas, dispuso que una compañía del Batallón Buin, al mando del capitán José Luis Araneda, acudiera a dicho lugar para apropiárselas, mientras que el resto de sus tropas permanecía en Casapalca alistando su regreso a Lima ante un urgente llamado del jefe militar de la ocupación chilena, Patricio Lynch, y así lo hicieron.
Los coronel Vento Garrido y Mariano Vergas con 240 efectivos del Batallón Canta, al que se sumaron 60 voluntarios, fueron informados el 25 de junio de 1881 en el pueblo de Culluhuay por el nativo Gregorio Romero, que las tropas chilenas habían ocupado Sángrar. Vento envió una patrulla de exploración al mando del subprefecto Emilio Fuentes y de los oficiales José Bravo, Andrés Hidalgo y Wenceslao Vento, quienes en el trayecto sorprendieron y diezmaron una avanzada enemiga en las cercanías de Sángrar, confirmando de esta manera la presencia de los invasores chilenos.

Vento dispuso atacar al enemigo, para lo cual procedió a dividir a sus fuerzas en tres columnas para arremeter contra ellos en forma de tenaza. La primera estaba encabezada por el capitán Carlos Zuleta y el teniente Marcos Icochea; la segunda por los capitanes Luis Escudero y Victoriano Calderón; y la tercera por el capitán Gregorio Albarracín y el teniente Práxides Gutiérrez. Los invasores ocupaban la casa hacienda e instalados en la capilla, cementerio y establos.

Obligados a fugar
El ataque se inició a las cinco de la tarde del 26 de junio de 1881. Los invasores del Batallón Buin soportaron la ofensiva inicial gracias a que contaban con armamento moderno y abundantes municiones. Los patriotas tenían una firme y resuelta decisión de combate, pero su armamento en verdad era anticuado. Los guerrilleros que los secundaban no disponían de preparación militar, pero por sobre estas limitaciones tenían un profundo amor a la patria y a su territorio, invadido por un ejército extranjero.

La lucha se prolongó por varias horas, en forma sangrienta y dura. La casa hacienda tenía techo cubierta de paja. Vento vio que era una parte vulnerable y ordenó prenderle fuego. Los invasores se dieron cuenta que no tenían alternativa. Si se quedaban serían batidos desde las alturas por los patriotas, porque en las horas de la noche aprovechando la penumbra emprendieron la fuga con dirección hacia Casapalca, donde se hallaba la fuerza principal invasora de Letelier.

Los patriotas consiguieron dominar la situación y recuperar la casa hacienda. En la persecución del que fueron objeto los chilenos, el guerrillero Hermógenes Bao consiguió arrebatarles la bandera chilena y exhibida como testimonio de la victoria peruana.

Para tener una idea del resultado de esta confrontación conviene remitirnos al parte patriota dirigido desde Canta al general Andrés Avelino Cáceres, el jefe de la resistencia nacional, donde se le informan que los chilenos fugitivos sufrieron 50 bajas y dos prisioneros, y que en el lugar de las acciones se recogieron 48 fusiles “Combian” y se recuperaron 800 carneros, que habían sido robados a la hacienda Sángrar.

Balance
Los patriotas tuvieron 10 bajas, entre ellos los valerosos alférez Julián Clímaco Falcón, José Molina, Doroteo Medina, José Mercedes Valdez, entre otros; y resultaron heridos: el subprefecto Emilio Fuentes, capitán Victoriano Calderón, subteniente Pedro I. Patiño, combatientes Bernardo Igreda, José Huayanay y seis soldados.

El jefe de los invasores, Ambrosio Letelier, trató de minimizar la victoria de los peruanos reportando que se había tratado de una emboscada a un destacamento pequeño de 79 efectivos que había sufrido solamente 17 bajas y ocho dispersos, pero lo cierto es que habían sufrido una aplastante derrota.

Resulta oportuno mencionar que el destacamento liquidado en Sángrar correspondía a una expedición de 1,392 efectivos chilenos al mando del teniente coronel Ambrosio Letelier, destacados por el jefe de la ocupación militar chilena con la finalidad de cortar toda ruta de apoyo a las fuerzas de Andrés Avelino Cáceres, que se había hecho fuerte en el Valle del Mantaro y extendía su influencia a toda la región andina.

Letelier tenía la expresa misión de exterminar cualquier intento organizativo de sumarse a los resistentes de la Breña, para lo cual salió de Lima, hizo escala en Chicla, continuó a La Oroya, Tarma, Cerro de Pasco, Huánuco y Jauja, dejando guarniciones en cada una de ellas.

Tiro por la culata
Pero, Letelier se dedicó, preferencialmente, a imponer cupos de guerra, robar ganado, saquear haciendas, esquilmando a los hacendados de esas localidades e incendiando los bienes de quienes se negaban a someterse a sus latrocinios.

Los propietarios de las haciendas, varios de ellos extranjeros, consiguieron la intervención de representaciones diplomáticas ante Lynch para que cese la exacción que venía realizando Letelier.

El jefe de la ocupación chilena, que no había recibido de Letelier ningún reporte de las riquezas que venía acumulando por los robos, y seguramente más indignado por este hecho que por las quejas, ordenó su retorno inmediato a la capital peruana. Letelier trató de justificar sus abusos y arbitrariedad y encubrirse con falsos informes de combates victoriosos contra los insurrectos peruanos, que no habían ocurrido.

Precisamente, cuando emprendía retorno a la capital, Letelier decidió efectuar la incursión en Sángrar, con la finalidad de hacerse de más riquezas, pero le salió el tiro por la culata.

Una vez que retornó a la capital, Letelier fue sometido a investigación por Lynch por no haber podido dar cuenta de los cuantiosos robos realizados en su expedición por las provincias andinas, pero no por los abusos cometidos en agravio de las poblaciones asoladas, y castigados con seis años de prisión.

Letelier fue enviado de retorno a Chile y una vez llegado apeló a la justicia de su país, pero ésta terminó por absolverlo y rehabilitarlo.

Paralelamente a estos episodios, el jefe de la Breña, Andrés Avelino Cáceres, continuaba con su ofensiva contra las tropas chilenas, sumando victorias sucesivas, hasta expulsarlos del Valle del Mantaro.

En memoria del sacrificio de los peruanos en Sángrar, los ciudadanos de las poblaciones involucradas en la victoria sobre los invasores, han levantado un “Monumento a los Héroes de Sángrar, hecho por el escultor nacional Luis Cossi Salas, reconocido discípulo del sabio y padre de la arqueología peruana, Julio C. Tello.

(*) Abogado e historiador

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Aníbal Víctor de la Torre y Vidaurre, el canciller suicida

Fue el único de la infausta Guerra del Pacífico que pagó con su vida sus errores a favor de Chile

Fernán Altuve-Febres Lores

La Razon

En el Buenos Aires de principios de 1881 corrió el sonado rumor de que el Ex plenipotenciario del Perú ante las repúblicas del Plata, don Aníbal Víctor La Torre, poeta y jurista arequipeño habían muerto por su propia mano.

Aníbal Víctor de La Torre y Vidaurre había nacido en 1827, era hijo del notable diplomático Pedro Antonio La Torre y Luna Pizarro, y su madre fue hija del célebre jurista Manuel Lorenzo de Vidaurre. En 1854 se había graduado de abogado, un año después fue elegido parlamentario en la convención liberal de 1855. Se desempeñó como Vocal Superior de la Corte de Trujillo siendo Presidente de aquel tribunal en tres ocasiones (1861, 1865, 1868). Poco después ejerció la prefectura de La Libertad (1870) para dedicarse después a la carrera diplomática. Primero como Ministro Plenipotenciario en Bolivia (1873), luego fue Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Pardo entre el 9 de mayo de 1875 y el 10 de marzo de 1876 y, finalmente, en 1878, fue designado plenipotenciario peruano en Buenos Aires, labor que desempeñó hasta enero de 1880, fecha en que recibió su intempestivo cese. Entre sus obras, mayormente dispersas, destaca su primer cuadernillo de poesía publicado en 1846, donde el primer verso premonitoriamente se titula “El suicidio”.
Ricardo Palma en su “Bohemia de mi tiempo” recuerda cómo, hacia 1860, conoció al malogrado poeta y nos da las claves de su trágica muerte: “Allí (en casa del Dr. D. Miguel del Carpio) conocimos y tratamos a Aníbal Víctor de la Torre…que, en 1881, abatido por funestas noticias que sobre la suerte de la patria le llegaban, se suicidó en la ciudad de Buenos Aires” (Lira Arequipeña. 1972. p, 171).

¿Pero cuales eran esas noticias que le llegaban de la patria? Pues en verdad eran las más funestas. En 1881 las tropas chilenas derrotaron a las fuerzas peruanas en los campos de San Juan y Miraflores procediendo al saqueo y destrucción de Chorrillos para entrar triunfantes en una humillada Lima. Ante tal sangría, los peruanos recordaron a los responsables diplomáticos de aquella calamidad nacional y el primer nombre en ser pronunciado fue el de Aníbal Víctor de La Torre debido a sus graves responsabilidades en la falta de previsión de la Guerra con Chile cuando había sido canciller de Manuel Pardo.

En 1872 llegó cruentamente al poder el “partido civil” y cambió inmediatamente la sabia política exterior del “partido militar” que se basada en la disuasión al amparo de aquella frase de Ramón Castilla que afirmaba: “Si Chile compra un barco, el Perú compra dos”. El civilismo prochileno quería una nueva política pacifista, de alianzas o “ententes”, con la ilusión de contener a Chile sin comprar ningún armamento. Esta ingenua política exterior esta resumida en la frase “Yo tengo en Argentina y Bolivia mis acorazados”, según dijo Manuel Pardo a su sorprendido cuñado, el diplomático José Antonio de Lavalle.

José de la Riva Agüero y Looz Corswarem, el primer canciller de Manuel Pardo, rápidamente planteó esta nueva política a Bolivia y Argentina mediante el tratado defensivo de 1873 pero, en 1875, al dejar el ministerio aún este documento no estaba ratificado por el Senado argentino. Entonces entró en escena el segundo canciller de Pardo, Don Aníbal Víctor de La Torre, fino diplomático partidario del más radical pacifismo y el más firme desarme para demostrar nuestra amistad a Chile.

La primera medida de La Torre para no incomodar al “amigo del Sur” fue dirigirse al plenipotenciario peruano en Buenos Aires, el brillantísimo Manuel Irigoyen, que hacía enormes esfuerzos convenciendo a los senadores argentinos para que ratificaran el tratado defensivo, ordenándole que suspendiera esta labor. Así mediante la instrucción reservada del 14 de agosto de 1875, que fue reiterada el 10 de septiembre de 1875, el canciller La Torre exigió, ante la incredulidad del representante peruano en Argentina, que actuara: “…retardando en todo lo posible la firma del protocolo respectivo”, según consta plenamente del Libro “La Alianza Perú Boliviana Argentina” (Lima, 1921) publicada por Pedro Irigoyen con los documentos y los archivos de su gran padre.

El canciller La Torre, campeón del pacifismo peruano, y defensor de un “equilibrio” con nuestros vecinos, eso sí, verbal pero de ninguna manera material, determinó con aquella imprudente orden la futura desgracia del Perú. Pedro Irigoyen concluye que fue así como quedamos: “… atados a lo que ofrecía peligro permanente y progresivo, después de rehuir por temores pasajeros lo que hubiese sido nuestra defensa y lo que desde un principio se concibió era lo único que podía reemplazar la supremacía marítima que acabábamos de perder. Continuamos asociados a la debilidad por un exagerado escrúpulo de confraternidad con Bolivia al propio tiempo que desahuciábamos el apoyo argentino”.

La otra imprudencia
Pero si este fue el primer acto de la tragedia internacional del Perú, otra imprudencia culpable le tenía asignado a Aníbal Víctor de La Torre ser protagonista de un segundo acto aún mas lamentable, esta vez ya en su calidad de ministro plenipotenciario del Perú en Buenos Aires, ciudad a la que había llegado en 1878. Por entonces la tensión fronteriza entre la Argentina y Chile se había hecho casi insostenible con el agravante de que la situación era muy desfavorable para el gobierno bonaerense debido a la superioridad de fuerzas militares chilenas.

Entonces el Presidente Avellaneda convocó a La Torre y le pidió por su intermedio que el gobierno peruano le vendiera un acorazado pero éste no aceptó y, más aún, entorpeció la gestión dilatando también la posibilidad de revivir el tratado defensivo por él sepultado en 1875. Él mismo escribió: “Bajo el pretexto de compra de uno de nuestros acorazados se me exigió un pacto de subsidios y me excusé… En fin, se me pidió un auxilio cualquiera de nuestra parte y tuve también que negarme. Este gobierno se vio, pues forzado a celebrar el tratado Fierro-Sarratea … yo inclusive, los felicitamos por ese pacífico término del eterno litigio de límites y por haber desaparecido los motivos que hubieran podido ocasionar un rompimiento entre ambas potencias.”

Es decir, la gestión del representante peruano sirvió para que la Argentina firmase “forzada” un tratado que le era perjudicial, en tanto se favorecía a Chile en beneficio de “la paz continental”. El ingenuo diplomático había condenado definitivamente al Perú a no recibir, en una posible guerra con Chile, ningún apoyo de esa Argentina a la que él había abandonado a la rapacidad del vecino.

Efectivamente esa guerra llegó y al caer el gobierno de Mariano Ignacio Prado tras su terrible fuga el 19 de diciembre de 1879, el nuevo dictador Piérola cesó inmediatamente a Aníbal Víctor de La Torre en su cargo en Buenos Aires y lo remplazó por Evaristo Gómez Sánchez. El diplomático destituido por su parte le envió una carta al nuevo gobernante del Perú, fechada el 21 de enero de 1880, tratando de justificar su indefendible conducta para lo cual no encontró mejor argumento que responsabilizar de su último fracaso al Presidente caído. Nadie le creyó y un mudo silencio se produjo en torno a su nombre. Ya todos conocían sus culpas como resultado de su antigua tenacidad por mantener al Perú débil en el plano internacional a favor de la “hermandad con Chile”.

Desde entonces y a lo largo de todo un año, hasta la caída de Lima en enero de 1881, Aníbal Víctor de La Torre se convirtió en un alma cargada de culpa que, día a día sabía mejor cual había sido el triste papel de crédulo que le había tocado representar en la sangrienta tragedia que se desató sobre el Perú. Un poema premonitorio escrito por él mismo años antes puede evidenciarnos cuáles fueron sus atormentadas ideas: “Y cuando llegó a mi mente /Este triste pensamiento/Un atroz remordimiento/Mi corazón invadió” (Lira Arequipeña. 172. p. 173)

La capital peruana bajo poder del invasor chileno significó un mayor remordimiento para Aníbal Víctor de La Torre y probablemente esto decidió el último papel que quiso representar en nuestra historia: ser un canciller suicida. Evidentemente con esta drástica determinación el desengañado diplomático asumía plenamente la culpa de todos los graves errores que cometió en perjuicio del Perú pero, también es verdad, que probablemente, fue el único político de aquella infausta guerra que estuvo dispuesto a pagar con su vida por esos errores cometidos contra tantos peruanos inocentes.

Por tanto nos parece importante rescatar el ejemplo de un hombre que, si bien ocasionó daños irreparables contra la Patria, por lo menos supo limpiar su honor como lo hacen los caballeros, con su propia sangre.

Queda la pregunta hoy. ¿Por qué el Ministerio de Relaciones Exteriores no ha querido recordar nunca jamás esta parte de su historia institucional? Probablemente porque, a diferencia de tantos otros casos, La Torre fue uno de los pocos diplomáticos que en nuestra historia tuvo el coraje de no ocultar sus errores, y si no los pudo corregir tampoco mantuvo la apariencia de falsos éxitos que no existían. Esperemos que los diplomáticos del Perú aprendan a valorar este precedente y sepan, de ser el caso, limpiar su honor cuando le fallen gravemente al país.

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Aspec pide que Perú reclame tesoro de galeón español estimado en más de 500 millones de dólares

166:25

Lima, jun. 09 (ANDINA).- La Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec) pidió al Gobierno peruano que reclame el tesoro del galeón español “Nuestra Señora de las Mercedes y las Ánimas”, hallado frente a las costas de Portugal, el cual está estimado en más de 500 millones de dólares.

Este galeón fue encontrado por la empresa norteamericana de cazadores de tesoros Odyssey y su propiedad es fuente de controversia entre España y dicha compañía.

Jaime Delgado, titular de Aspec, indicó que el Perú debería sumarse al reclamo del país europeo, puesto que el tesoro que se transportaba en dicho barco eran monedas de oro y plata acuñadas en Lima.

El galeón español “Nuestra Señora de las Mercedes y las Ánimas” fue hundido en 1804 por barcos ingleses y encontrado por la empresa norteamericana en mayo de 2007.

Odyssey y España se siguen una disputa legal en los juzgados de Tampa, Florida.

Según el abogado peruano radicado en Estados Unidos presentado por Aspec, José Loayza; el juez Mark A. Pizzo ha dado fallos preliminares que beneficiarían a España.

De acuerdo con la opinión del profesional, el Perú necesita urgentemente sumarse al reclamo, para verse eventualmente beneficiado.

Aunque Jaime Delgado admitió que “no es especialista en el tema”, consideró que no le cuesta nada al Perú hacerse presente en el juicio.

Aspec sustenta su reclamo en que “si se comprueba que esas monedas se acuñaron en el Perú, con oro en verdad sustraído del Perú, entonces, más allá de los acuerdos internacionales, existe un tema ético y moral”.

Cabe señalar que hoy se realizaron coordinaciones entre los representantes legales del Gobierno de España y Odyssey, para ver el rol de las audiencias en el juzgado norteamericano que ve su caso

(FIN) ECG/RRR

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El Tratado de 1929: destino final diplomático sobre Tacna y Arica

Soldados chilenos en Lima gracias a una política hipócrita y doble careta.

Jorge Basadre Ayulo

La Razon

Ríos de tinta han corrido, tanto en Chile como en Perú, sobre la conveniencia o inconveniencia del Tratado de 1929. Así de los aproximadamente 24,000 kilómetros cuadrados en áspero y odioso litigio por el incumplimiento de Chile al denominado Tratado de Ancón, logramos recuperar a tiempo 8,600 kilómetros cuadrados, a la que debe ser adicionada la provincia de Tarata, indebidamente retenida por Chile.

La devolución de ésta ocurrió en 1925. También quedó fijada la línea divisoria de los dos contrincantes, que empezaría diez kilómetros al norte del puente sobre el río Lluta y continuaba paralela al vetusto ferrocarril de Arica–La Paz. Los chilenos volvieron a mañosear en cuanto a los linderos para sacar provecho del penoso entuerto. Recuerdo las palabras sobre el asunto, escuchadas de niño, de boca de mi tío carnal, ingeniero Carlos Basadre Grohmann, vertidas en su casa entonces ubicada en La Colmena.
Pese a los años transcurridos, zumban como avispas en mis oídos su aguda aseveración: “Si no es por las injerencias y capacidad de los ingenieros peruanos, Chile habría distorsionado los linderos fijados en el Tratado de 1929, en perjuicio del Perú”.

Pese a que Chile obtuvo Arica, que no estaba previsto en el Tratado de Ancón, este puerto estaba perdido para Perú en 1929. La gente de esa zona no tenía lazos de amistad con el Perú. Aun obteniendo Perú un triunfo en el plebiscito, hubiera sido imposible revertir Arica a nuestro territorio, no obstante que Tacna y Arica constituyen un cordón umbilical inseparable entre sí. Chile con su negro rostro lo cortó y faltó a su sagrada palabra. Con la política posterior, el país sureño trató de impulsar este puerto libre declarándolo “libre”, que en el fondo constituyó un envite al contrabando y a la larga constituyó un medio de transporte de la coca boliviana a Chile.

En este tema, tanto las opiniones doctas como las populares quedan divididas. Lamentablemente, los peruanos formamos una Nación de atolondrados. A la caída de Leguía, lo acusan de todos los posibles crímenes, inclusive el de lesa patria no obstante arreglar los límites del sur. Fue expulsado como asociado de una importante asociación social limeña por adeudar cuotas mensuales devengadas que no podía pagar porque estaba preso y no compulsaron el hecho de que Leguía fue el mayor benefactor del nuevo local de esta institución, construido durante su periodo presidencial. Después de la adulación, lo tildaron de ladrón, traidor, tirano, vende patria y utilizaron cualquier diatriba imaginable para dañar su imagen.

Así es la vida de los políticos: sublimados cuando detentan el poder político, resultan satanizados cuando son derrocados. Una crítica independiente debe juzgar a Leguía “con los guantes de hielo” que pregonaba el gran historiador Leopold von Ranke (1795-1886). Si no fuera por el valor y coraje de Leguía, los chilenos se hubieran quedado con Tacna y esta llaga quedaría hendida en los corazones de los auténticos peruanos.

Debemos formular un resumen o esbozo como “alegato de bien probado” sobre el referido Tratado de 1929, con sus pros y contras. Entre sus bondades hay que mencionar:

I) El arreglo diplomático constituyó un triunfo peruano después del holocausto del 79. Zanjamos, por ahora, la cuestión espinosa de los límites en el sur, que tuvieron un punto final, aunque no definitivo. Las ambiciones chilenas que execró el Tratado de Ancón violaron la palabra empeñada por Chile, anatemizaron el plebiscito expresamente pactado y pulverizaron la buena fe peruana. El problema estaba pendiente desde 1894, como pérfido botín de guerra amasado por los chilenos.

II) Si el arreglo hubiera demorado tres o cinco años más, Tacna seguiría en el dominio chileno. Ni Sánchez Cerro, ni Benavides lo hubieran logrado. El conflicto peruano–chileno, después de 1894, tuvo una solución pacífica.

III) El Perú recuperó la provincia de Tarata, indebidamente retenida por Chile bajo el pretexto de haber incurrido en “error geográfico”. Para apropiarse de lo ajeno Chile no comete errores. Este país sostuvo con notoria mala fe que el río Sama (frontera norte) incluía esta provincia de Tarata dentro del territorio cedido temporalmente al país del sur, que llegó a convertirla en tierra suya, por ambición.

IV) El Tratado de 1929 constituyó un triunfo de la habilidad diplomática para el Perú, acostumbrado a incurrir en discusiones banales por las cuestiones limítrofes, como sucedió después en 1934.

V) Chile destruyó el principio geográfico de que el valle de Tacna estaba íntimamente conectado con el puerto de Arica. La realidad impedía su separación, pero más pudo el apetito de Chile, propio de la figura mitológica de un voraz Sardanápolo que nunca se sacia con nada y su gula no tiene límites.

No obstante ello, en el pleno siglo XXI existe una comunidad más o menos fraterna entre tacneños y ariqueños e incesante tráfico mercantil y que ha roto el esquema geográfico.

VI) En la solución limítrofe no corrió una sola gota de sangre peruana, salvo la de los heroicos tacneños y ariqueños auténticos en la fase plebiscitaria, derramada a raudales antes del Tratado de 1929 y que coadyuvó en el arreglo definitivo (¿?)

VII) Quedó rota la lanza bastarda de los civilistas peruanos que tildaron el arreglo de 1929 como “Tratado infausto” (Manuel A. Capuñay. Leguía. Lima, 1951. pp. 238, 239).

De un lado opuesto, el Tratado de 1929 contuvo crasos vacíos.

Este instrumento de derecho público zanjó, al menos por un tiempo, el grave problema diplomático de Tacna y Arica. Como obra humana, tiene defectos que no pudieron ser corregidos en esta lucha de Leguía contra el tiempo. Podemos anotar los más saltantes:

I) Mi padre no estuvo nunca de acuerdo con el Tratado de 1929. Expresó, como testigo presencial de este “conflicto de pasiones” que éste “fue inconveniente en relación con los derechos y los intereses del Perú“. (Jorge Basadre Grohmann. Apertura. Lima, 1978, p. 51). En aras de la verdad que debe prevalecer, sobre todas las cosas, nunca mostró complacencia con el libro sobre este tema escrito por quien en vida fuera don Conrado Ríos Gallardo, ni éste le sirvió de inspiración.

No requería de esta fuente escrita y tachable escrita por Ríos, pues los hechos los había vivido mi padre, desde su infancia en Tacna. La amistad entre ambas personas nace en Tacna de niños, ya que el padre de Ríos creo que era médico y atendía a peruanos en muchos casos. La amistad siguió con el paso de los años. Pero, al publicar Jorge Basadre Grohmann la primera edición de su libro La Vida y la historia, patrocinada entonces por el Banco Industrial del Perú, el capítulo sobre “el conflicto de pasiones y de intereses en Tacna y Arica (1922-1929)” causó profundo desagrado en la vanidad chilena de Ríos, ya que sintió un descontento con la referida publicación. Cuando años después mi padre viajó a Santiago para ser integrante de un jurado designado para otorgar un premio para seleccionar la obra histórica chilena de más importancia de ese año, en una reunión social con motivo de ese acontecimiento, Ríos Gallardo tuvo una actitud muy fría y distante con mi padre. Sorprendido mi progenitor por esta actitud del ex diplomático chileno, un amigo le expresó que éste se encontraba muy resentido por el contenido del mencionado libro. Al año y pico siguiente mi padre falleció sin que estos amigos de antaño se volvieran a tratar. Ni mi madre, ni el autor de esta columna recibimos carta o tarjeta de condolencia de la familia Ríos Gallardo. Con este sinsabor, el ilustre tacneño bajó a la tumba. He allí la verdad auténtica pero triste, aunque estas remembranzas duelan en lo más hondo de nuestro ser. Al respecto, vuelvo a releer las palabras del escritor mexicano Carlos Fuentes que debemos rememorar: los buenos recuerdos del pasado deben ser almacenados y desterrar los malos. (Carlos Fuentes. Cuentos naturales. Méjico, 2007. p. 94).

En consecuencia, no es cierto que mi padre escribió esta temática inspirado en el libro y recuerdos de Conrado Ríos Gallardo. Aclaro las cosas como son, aunque cada persona tiene el derecho inescrutable de pensar como su intelecto y sabiduría lo dirija. Lamentablemente, tanto mi padre como Ríos Gallardo estaban a las finales de sus vidas distanciados porque el distinguido ex diplomático consideró punitivo “el delito de opinión” que distanció a viejos amigos.

II) El Perú dio visos de legalidad al infausto Tratado de Ancón de 1883, debiendo haber insistido en la manera pactada que “implicara una reafirmación de nuestra superioridad jurídica y moral”. (Jorge Basadre Grohmann. La Vida y la Historia. Lima, 2007. p. 394). Este afirma que tal solución no hubiera tenido éxito, pero lamenta “la falta de energía, la obstinación y la astucia necesarias para no dejarse acorralar”. Nuestra modesta opinión es que Leguía, conocido en años de auge político como “el Titán del Pacífico”, fue más bien sagaz, práctico, realista y abnegado, ejecutó el acuerdo con rapidez, pues de no existir el Tratado de 1929, Chile hubiera convertido todo Tacna en una nueva Arica. Además, la sombra del gobierno de Estados Unidos rodeaba el tenso ambiente, con clara preferencia hacia los chilenos, siempre duchos en las intrigas diplomáticas.

III) Tacna se quedó sin puerto en el océano Pacífico. El lugar frente al mar conocido como La Yarada no era ni es un puerto idóneo tal como lo sugirió Chile y hoy utilizamos el de Ilo. La zona conocida como la Yarada es útil solo para el atraque de embarcaciones de pesca artesanal, sin estructuras de puerto. Por otro lado, el muelle norte en Arica asignado al Perú está colocado en zona fangosa, por lo que Chile ofreció el dragado del mismo a la hora de su entrega. Incurrimos en otro craso error: confiar en la palabra de los chilenos. Estos no tienen buena fe en los actos que realizan si no les conviene a sus intereses. Pueden patentar todo producto como chileno, desde el pisco, la papa, “los suspiros a la limeña” y todo lo que Sigmund Freud denominaba “el tanatos destructivo”, invívito en muchas personas, como comunicación conciente a lo incorrecto.

IV) El Perú no debió aceptar el pago pecuniario de US$ 6000,000 hecho por Chile en el tratado de marras. Este monto dinerario fue notoriamente diminuto y resultó una prestación irreal. Los daños y perjuicios a pagarse al Perú debieron ser tasados por un tribunal internacional europeo, sin la intervención de Inglaterra.

El referido pago que hizo Chile a Perú fue blanco de chismografía ruin y barata. Los adversarios de Leguía, ante la alevosa e infame información del embajador chileno Figueroa Larraín, sostuvieron que a Leguía más le importaba el dinero que el puerto de Arica”. (Citado por Jorge Basadre Grohmann, op. cit., p. 398).

Esta aseveración de origen chileno recogida por mi padre no es verdad. Los círculos políticos afirmaban en torno a Augusto B. Leguía el calificativo de “yo tirano, yo ladrón”. Pudo haber sido tirano, de hecho lo fue: encarceló a enemigos, clausuró diarios, deportó a sus adversarios, hizo reelecciones ilegales, fue el conductor del Oncenio, periodo largo que desgasta a cualquier político. Empero, debemos aclarar que en nuestro concepto libérrimo, ajeno a pasiones subalternas, Leguía no robó. Entró pobre en bienes materiales a la presidencia por los adversos resultados de sus negocios en Europa, sobre todo después del ascenso político de los bolcheviques en Rusia por sus habilitaciones dinerarias con los zaristas, y murió pobre. Sus hijos tuvieron que hacer frente a los voraces acreedores de Leguía después de su muerte.

El doctor Joaquín Leguía Gálvez, hijo póstumo del ex presidente, solo recibió como herencia la faja presidencial que su padre utilizó por muchos años.

V) Chile no cumplió con construir en el morro de Arica un monumento a la paz. Lo hemos comprobado con náuseas físicas y no literarias. El soldado chileno apunta su rifle al norte como triste presagio y la inscripción en la masa de piedra es vengativa.

Inserto el hombre en el siglo veintiuno, Chile debe aplacar sus ambiciones desmedidas y buscar la prosperidad de sus connacionales. América es una civilización conjunta en la que deben convivir pacíficamente sus habitantes. La riqueza cuprífera de Chile puede extinguirse. Este país no tiene energía, gas, petróleo ni agua, con “una loca geografía”. Debe desterrar el hipócrita carácter que les caracteriza y buscar la amistad de sus vecinos. Vivimos en un mundo globalizado y fraterno por lo que los gobiernos no deben gastar dinero en comprar armamento cuanto éste puede ser utilizado a alfabetizar y dar la mejor solución a las grandes masas que ni siquiera saben leer ni escribir. ¿Para qué comprar fragatas, aviones de guerra, satélites para espiar a los vecinos, tanques, armamento? ¿A quién o a quienes apunta “entrar a su templo de tinieblas, buitres”? (Carlos Fuentes, op. cit., p. 9).

Debemos dejar atrás el siglo anterior calificado como sangriento por Winston Churchill. “Dos nociones trataron de imperar: democracia y mercado para finiquitar un grave problema de desacuerdos… No ha existido la presencia de consentimientos internacionales” (Jorge Basadre Ayulo. Historia del Derecho. Lima, 2001. p. 218. Tercera edición. 3er. Tomo. P. 218). Si los límites de las naciones americanas constituyen un esqueleto viejo y tramposo, ¿por qué luchar tanto por ellos con apetito voraz? Debemos tratar de formar, aunque sea utópico, una América unida como crisol de razas sin objeciones de nacionalismos. Evitemos “los charcos, senderos fugitivos trazados por países medrosos, árboles desnudos más negros que este paisaje después de la batalla” (Carlos Fuentes. Los años con Laura Díaz. Madrid, 2001. p. 15).

El amor y la fraternidad deben caminar del brazo de toda persona bajo un mismo sol. El rastro de destrozos o humo de guerra contienen un chorro de lágrimas que provocan millares de esqueletos al aire y es el juicio final de brazos, tibias y calaveras rotas rumbo a cementerios comunes.

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